El mundo de los hedge funds (fondos de inversión alternativos) tiene una sórdida reputación, envuelta en misterio e imágenes de villanos millonarios manipulando el mercado y enriqueciéndose a costa de los pequeños inversores.
La gran diferencia entre estos fondos y un fondo mutuo es la habilidad de los primeros para vender acciones en corto, es decir, tomar prestados títulos y venderlos con la obligación de recomprarlos en una fecha posterior, obteniendo beneficios si el valor de las acciones cae y experimentando pérdidas si suben.
Esta capacidad de apostar contra el mercado contribuye a la mala reputación de los hedge funds dado que, en cierta manera, se benefician de la miseria y el sufrimiento de otros. Y así es que llegamos a la historia de GameStop.
GameStop es una compañía de tiendas de videojuegos cuyas ventas llevan cayendo estos últimos años por el giro en el mercado hacia las compras por Internet. Consecuentemente, muchos fondos de inversión se pusieron cortos en GameStop con la expectativa de que el valor de las acciones bajara.
El problema de ponerse corto en una acción es que las pérdidas son en teoría ilimitadas (la acción puede subir y subir). Por eso, para cualquier venta en corto es necesario mantener un colchón en efectivo en la cuenta de inversión para cubrir posibles pérdidas.
Así es que, aparentemente, a un grupo de inversores particulares integrantes de un grupo de Reddit se les ocurrió la idea de ponerse a comprar acciones y opciones derivadas de GameStop y recomendar a todos sus lectores que hicieran lo mismo. Esto provocó una subida exagerada del precio de las acciones.
Ocurrieron varias cosas simultáneamente.
Las compras a través de derivados y opciones obligan a los bancos de inversiones a comprar acciones cuando el precio sube, y la velocidad de estas operaciones acelera cuanto más sube la acción (es complicado, simplemente, háganme caso).
Los gestores de los hedge funds o cubren los cortos (recompran las acciones) para limitar pérdidas o se les despide por tener pérdidas masivas y se liquidan sus posiciones. Más compras, más sube el precio.
A esto se le añade que cuando los cortos no pueden mantener los requerimientos de dinero suficiente, hay una compra automática de esas acciones. Pues, ya saben, más compras, más sube el precio. Y el ciclo se repite.
Y cuando el número de cortos es elevado en comparación con el volumen de acciones cotizadas en el mercado (como era el caso en GameStop), pues aún peor.
Así, la cotización se disparó desde los veinte dólares a mediados de enero hasta los ¡483 el pasado jueves! En total, se estima que los fondos han perdido alrededor de 5.000 millones de dólares.
En el pasado se ha acusado a estos fondos de causar crisis en mercados financieros a través de la presión de sus ventas en corto, que provocan el pánico del resto de inversores y los obliga a vender sus acciones por miedo a pérdidas, provocando más pánico, y más ventas, etcétera.
Aparentemente, alguien encontró la forma de pagarles (o, en este caso, robarles) con su misma moneda.