Botellones se celebran en todas partes. La inconsciencia no entiende de geografía. No obstante, me llamaron la atención los quince descubiertos un fin de semana reciente en Lugo. ¿Quiénes son los responsables de que estos peligrosos eventos se lleven a cabo? Teniendo en cuenta que buena parte de los asistentes son menores de edad, con el Código Civil en la mano, los responsables son los padres. Ellos tendrán que ser los que abonen las multas que se impongan a sus vástagos.
Ninguna duda cabe que cuando la irresponsabilidad infantil o juvenil afecte al bolsillo paterno los botelloneros menores de edad serán más controlados por sus progenitores.
Ya antes de la pandemia, los botellones estaban prohibidos, pero es posible que en más de un municipio se hiciera la vista gorda. Hoy en día, eso no puede ocurrir bajo ningún concepto. Es mucho lo que nos jugamos. Ese inconsciente muchacho que acude a beber por beber tiene una posibilidad muy alta de contagiarse.
Las mascarillas brillan por su ausencia y ya sabemos la exaltación de la amistad, con lo que ello conlleva, que el alcohol produce. Besos, abrazos y demás manifestaciones de cariño. Terminada la fiesta, ese chico regresa a casa y pone en riesgo a sus padres, abuelos, etcétera.
Para evitar tanto riesgo, las autoridades competentes no deben pasar por alto ni un botellón ni una fiesta privada en estos tiempos de pandemia.
Claro que, sin unos padres responsables detrás, que hagan ver a sus hijos menores lo que se puede hacer o no, de poco vale la vigilancia policial. La educación que se imparte en casa es lo más importante.