
Seguramente sea una estupidez malgastar todas y cada una de estas letras en semejante despropósito. La palabra impresa es demasiado valiosa como para desperdiciarla en esa jauría minúscula a la puerta de los juzgados. Pero es que a veces hay que hacer algo para detener un ruido demasiado molesto. Porque no siempre funciona estar calladas y dejarlos pasar de largo.
Un grupito de señores (la educación impide utilizar otros términos) con pancartas acosando a una mujer entrando en el juzgado. Al grito de Stop Feminazis, como si tuviese algún sentido ese sintagma, como si eso significase algo. Como si con una consigna necia fuesen a conseguir amedrentarnos. Seguro que no es a nosotras a quien hay que llamarnos nazis, y desde luego que no van a pararnos. Y Rocío Carrasco ignorando el acoso ha mandado (otra vez) un mensaje alto y claro: Stop machismo, stop agresiones, stop violencia y stop señores trasnochados.
No, no utilizaré para referirme a esto la palabra fascismo porque es un término que en estos tiempos de mensajes simplones se vende demasiado barato. Pero de anécdota ha pasado a preocupante relato. En el fondo, una acción así de despreciable sería de chiste si no fuese un despropósito de tal magnitud que no puede ser ignorado.