Cuida tu corazón y cuidarás tu cerebro

Marta Cortés Canteli

Según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad cardiovascular es la causa número uno de muerte en el mundo. La enfermedad de Alzheimer y otras demencias también se encuentran dentro de las diez principales causas de muerte a nivel mundial. Estas enfermedades comparten mucho más que un puesto de honor en este triste ránking.

Desde hace tiempo se sabe que los factores de riesgo cardiovascular, como la hipertensión, los niveles elevados de azúcar y de colesterol en sangre, el sobrepeso, fumar, el sedentarismo, etcétera, también aumentan el riesgo de sufrir demencia.

Alois Alzheimer, el médico germano que descubrió esta enfermedad hace más de un siglo, ya definió la presencia de aterosclerosis en los vasos cerebrales de Auguste D., la primera paciente con esta enfermedad neurodegenerativa. Durante muchos años este componente vascular ha sido ignorado.

Gracias a una colaboración entre el Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC) y el centro de investigación de la Fundación Pasqual Maragall Barcelona Beta Brain Research Center, ahora sabemos que la relación entre ambas enfermedades, la cardiovascular y la cerebral, empieza 15-20 años antes de que los primeros síntomas aparezcan. En individuos aparentemente sanos de 50 años de edad existe ya una asociación entre la presencia de factores de riesgo cardiovascular, en particular la hipertensión, con un metabolismo reducido en zonas cerebrales implicadas en el desarrollo de demencias, especialmente de tipo Alzhéimer.

El metabolismo cerebral, por lo tanto, se ve afectado desde los primeros momentos en que el individuo se expone a factores de riesgo cardiovascular. Las alteraciones metabólicas cerebrales que presenta una persona hipertensa seguramente contribuyan a que su cerebro no sea capaz de lidiar con el desarrollo de una enfermedad neurodegenerativa de forma tan eficaz como lo haría una persona sin hipertensión.

La sociedad sabe que hay que controlar todos los factores de riesgo cardiovascular para prevenir un infarto de corazón o un ictus. Pero la realidad es que seguir hábitos de vida saludable también es beneficioso para mantener una función cognitiva óptima.

No se trata de morir antes o después, sino de envejecer con calidad de vida. Y lo realmente importante es que el seguir o no este tipo de vida saludable es una decisión individual, ya que controlar este tipo de factores depende, en la mayoría de los casos, de uno mismo.

Valentín Fuster/ Marta Cortés Canteli. Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC).

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