El Gobierno no tiene toda la culpa

OPINIÓN

JALAL MORCHIDI | Efe

20 may 2021 . Actualizado a las 08:59 h.

Afirmar que el Gobierno no tiene toda la culpa de lo que sucedió en Ceuta es una forma de decir que ha cometido algunos errores que no facultan a Sánchez para exigirle a la oposición que cubra y convalide sus gazapos. Por eso, de acuerdo con el principio in medio est virtus, voy a hacer mi comentario a medio camino entre la comprensión y el reproche.

Es obvio que Sánchez no creó los problemas que le genera a España el vecino marroquí, que, si bien pueden paliarse con una diplomacia prudente y experimentada, no siempre tienen soluciones asumibles. Los españoles de mi edad recordamos los sucesos de Ifni, del Sáhara y del islote de Perejil, y sus réplicas sísmicas sobre los enclaves de Ceuta y Melilla, en los que hemos demostrado tanta capacidad para driblar astutamente las celadas marroquíes como para meter la pata, hasta el fondo, en cualquier ocasión que se nos brinde. También recordamos los atrancos en las negociaciones pesqueras y los acuerdos económicos preferenciales. Y, echando mano a la historia, también podemos remontarnos a la guerra del Rif y a otros intentos de mantener -sin saber para qué- el protectorado sobre Marruecos. E incluso podemos reconocer que seguimos sin saber si los errores que ya hemos certificado tenían otras soluciones alternativas, o representan la inexorable penitencia que pone la historia a los que deben expiar sus pecados originales. Y en esas andamos otra vez, sin saber si tenemos que ponernos bizarros y baturros para salvar nuestro honor -¡a mí la legión!, gritó el Gobierno-, o si es mejor abandonar armas y bagajes para huir de la quema, como hicimos en el Sáhara. Y hasta aquí llega mi comprensión con el actual Gobierno.

Los errores son fáciles de enumerar: 1) creer que los de antes eran tontos, y que los de ahora estaban ahí para rebobinar la historia desde los reyes godos. 2) Romper los hábitos con la costumbre que obligaba a todos los gobiernos de España a iniciar sus relaciones exteriores visitando el reino alauí. 3) Olvidar que los regímenes autoritarios hacen las pillerías mucho mejor que las democracias avanzadas. 4) Haber cargado contra las políticas migratorias anteriores, criminalizando las vallas y concertinas, la Guardia Civil y las devoluciones en caliente, para ahora devolver en una tarde lo que antes no se devolvía en un año, exhibir el Ejército en el Tarajal, prometerles sosiego a los ceutíes, y hacer proclamas -¡casi da risa!- sobre la unidad de la patria. 5) Hacer demagogia con los temas de inmigración y no enterarse, para nada, de qué va esta fiesta. 6) Evidenciar el desgobierno rampante, al endilgarle a Europa la frontera del sur, pedirle a la oposición que no se oponga y apoye ciegamente a la patria, y exigir a Casado, a cuyo teléfono nunca llamaban ni contestaban, que asuma, junto a Sánchez, las carencias del Gobierno, del CNI, de Exteriores y del sursum corda.

En medio del desastre, un consuelo: que el Ejercito y la Guardia Civil muestren al mundo los hábitos propios de una sociedad democrática.