Esperar

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

Muchos conocerán ya la palabra antifrágil, inventada por Nassim Nicholas Taleb, un autor norteamericano de origen libanés, que formuló también la teoría de los cisnes negros. No existía, a su juicio, ningún término capaz de amparar el concepto contrario al de frágil. Lo antifrágil, viene a decir, no solo es irrompible, no solo es robusto, sino que, cuanto mayor maltrato padece, más fuerte y mejor se hace. Un paquete antifrágil, por tanto, debería llevar pegada la advertencia: agítese, maltrátese. Porque, en el fondo, cualquier acción que pretendiera dañarlo lo mejoraría.

Taleb, hombre de curiosidad infinita y mirada penetrante, abunda en ejemplos de todos los ámbitos. Él mismo pertenece a una minoría árabe cristiana y sabe que siglos de persecución violenta no fueron capaces de exterminar la fe en aquellas tierras: más bien la robustecieron, la subrayaron. En general, esa es la historia del cristianismo desde sus inicios: se esparce por el mundo con la sangre de sus mártires desde los apóstoles a nuestros días. La Iglesia católica parece una buena muestra de lo antifrágil, porque nada de lo que existe hoy ha durado tanto como ella. Ni ha sobrevivido nadie a tantos adversarios, también internos. Si hacemos caso al razonamiento de Taleb, su futuro está asegurado y será más fecundo cuanto más se la ataque.

Se lo dice Jesús a san Pablo en aquella primera aparición en el camino a Damasco: «¿Por qué me persigues? Te lastimas al dar coces contra el aguijón». La Iglesia y cada cristiano crecen en la persecución y se agostan en la comodidad, en el aburguesamiento. Los santos siempre lo han sabido, también el que festejamos este sábado 26 de junio: san Josemaría.

@pacosanchez