La distopía del confinamiento fue el impacto imprevisible que la visionaria Black Mirror nunca pudo llegar a predecir. Solos, de Amazon, recoge sin disimulo su testigo para retomar esa proyección de un perturbador futuro a merced de las máquinas y le añade el punto de introspección filosófica provocado por el aislamiento. El resumen es que, con tecnología o sin ella, en compañía o en soledad, los temores, los dramas y los traumas son los mismos de siempre porque son la huella de la condición humana. No importa que uno viva en un hogar inteligente blindado a prueba de virus, repase su vida mientras viaja en un monoplaza al espacio o sea capaz de trasladarse en el tiempo para comunicarse con su yo del pasado y del futuro. Al final todos los personajes están solos frente a sí mismos, frente a la muerte y a los caminos que han tomado en sus vidas.
Solos consta de siete capítulos independientes nacidos de la distancia social, con un reparto estelar que nunca llega a reunirse. Seis son monólogos teatrales y uno, el encabezado por Morgan Freeman, un diálogo entre dos actores. Cada historia es diferente y el resultado es irregular. Decir que el protagonizado por Helen Mirren es perfecto no es descubrir nada nuevo. En otros, las emociones se desbordan en exceso y algunas tramas son poco consistentes pese a la brevedad de los episodios, pero todos tienen a su favor esa reflexión estimulante acerca de todo lo que la ciencia podrá inventar.