Como si se tratara de una temporada de ópera o del festival de Bayreuth, donde se interpretan únicamente composiciones de Wagner, comienzan los congresos de los partidos, los de aquí y los de Madrid. Y aunque no se percibe en las tomas que nos muestran los telediarios -donde todo es alegría, firmeza, energía y optimismo-, lo que allí ocurre suele ser digno de una obra de Shakespeare (sobre todo Macbeth o Ricardo III). Y uno se imagina que un minuto antes de que se encienda la cámara, los líderes se suben rápidamente el pantalón, se abrochan la camisa, se atusan el pelo, como adúlteros que hubieran sido pillados in fraganti. Hay más cuchillos por los pasillos de los congresos que los largos de la famosa noche nazi. Porque la oposición para los partidos es como Papa Noel regalando caramelos comparada con los compañeros a los que uno se abraza con intención, sobre todo, de inmovilizarlos para evitar ataques por la espalda. La militancia de un partido es como el público de los toros, que dice olé y a veces pide una oreja, pero los líderes son como los agentes de las fuerzas especiales, como mercenarios sin piedad. Por eso, yo creo que debería de crearse un videojuego, como los hay de fútbol y de guerra, ambientado en el congreso nacional -y vale Galicia como animal de compañía- de un partido político, el que usted está pensando o el que pienso yo. Los jugadores elegirán candidato, que tendrá que llegar a ser nombrado líder. Caiga quien caiga. Yo voy a buscar en Amazon, por si ya existe.