Sed de silencio

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

J.M. CASAL

16 oct 2021 . Actualizado a las 05:00 h.

Pensaba que la vida eremítica había casi desaparecido y, por lo visto, lleva algún tiempo repuntando: hombres y mujeres que huyen de las ciudades en busca del silencio y la paz, como si temieran que tanto ruido pudiera ahogarlos. Vuelven los ermitaños, ascetas de imagen amable y frugal que imagino casi siempre con barba, aunque ahora también hay algunas mujeres. Esa manera de vivir el cristianismo, la huida a la soledad del desierto o de los montes, nació pronto, hacia el siglo III. Un fenómeno similar se registra en casi todas las grandes religiones asiáticas: en el hinduismo y en el budismo, por ejemplo. Y también en ellas parece darse un rebrote notable.

Habrá quien piense que se trata de formas de escapismo ante un mundo que perciben como crecientemente hostil e incomprensible, como si quisieran vivir menos, arriesgar menos y que les dejen tranquilos. Pero estas personas, al igual que las chicas que llenan a rebosar ciertos conventos de clausura, no quieren vivir menos, sino más. Como Teresa de Jesús, a quien celebramos ayer. Mujer de inteligencia preclara, gran escritora, con una simpatía y unas dotes de gobierno descomunales, la gran reformadora carmelita era una monja de clausura y sigue ejerciendo una influencia asombrosa cuatrocientos años después de su muerte y no solo en España.

Los escapistas son otros y viven mucho menos, a veces encerrados en sus cuartos o en sus cascos, acaso porque nadie les ha mostrado que vivir la vida es otra cosa, mucho más apasionante, mucho más cercana al amor y a la belleza, mucho más serena, mucho más cercana al silencio que al barullo alcoholizado. Una vida mucho más plena con la que los demás pueden contar.