¿Qué no es capaz de negociar el presidente Sánchez para seguir en el poder? Somos muchos los convencidos de que no queda fuera de su alcance nada que pueda lograrse por esta vía, como ha acreditado en repetidas ocasiones. Quizá porque él cumple los requisitos de los buenos negociadores, quienes, al parecer, se distinguen por ser personas respetuosas y responsables, que tienen en cuenta sus intereses, que hacen valer sus posturas con argumentos y que explotan la nueva información que reciben.
Hemos visto a Sánchez hacer esto ya en innumerables ocasiones y casi siempre se ha salido con la suya. Y probablemente ha sido así porque él no tiene un montón de propósitos, sino solo algunos muy concretos, para los que define la naturaleza propia de la negociación necesaria. Por esta vía avanza una y otra vez, con tesón y sin desmayo. De hecho, ya cabe decir que es un maestro en el arte de negociar permanentemente.
El riesgo, sin embargo, existe y se manifiesta en unos resultados desiguales, que generan discrepancias y distancias. Poco que ver, por ejemplo, entre el trato deferente que reciben Cataluña y el País Vasco con el que se otorga al resto de las comunidades autonómicas. Porque sí es cierto que hay que atajar y solucionar los problemas cuando surgen y no cuando ya son crónicos. Por ello, Sánchez debiera saber que la solución de los conflictos y el arte de negociarlos deben someterse a principios firmes y ecuánimes, por encima de ocurrencias e improvisaciones. Es necesario cerciorarse de que la meta que se busca es la que le conviene al conjunto de España. Porque siempre habrá problemas y, justamente por ello, es necesario atajarlos ordenada y equilibradamente, para ir acercándonos a una satisfacción general.
Todos deberíamos tener presente una frase certera de Montesquieu: «No hay peor tiranía que la que se ejerce a la sombra de las leyes y bajo el calor de la justicia». Porque solo por este camino podremos aspirar a entendernos y hallar soluciones para los problemas. ¿O acaso Sánchez cree que todo esto pertenece a un mundo ideal fuera de nuestro alcance? No, las cesiones bajo chantajes nunca son la solución. Son solo el prólogo de nuevos regateos y de nuevos chantajes.