A uno a veces le llega el desencanto y la frustración por comprobar la pertinacia en la memez o en la mala intención de muchos de nuestros políticos, que se muerden la cola como las pescadillas terciadas o los perros locos. Se queja eternamente el escritor —y farmacéutico, como León Felipe— Rafael García Maldonado, biógrafo de Juan Benet, de la falta de ambición que domina hoy el panorama literario español, y lo contrapone a Grand Style que perseguía el escritor madrileño, el cual empleaba en sus textos los conocimientos que, como ingeniero, poseía del cálculo de estructuras, e iba montando complicadas construcciones literarias, resistentes y limpias, para sobrevivir a la eternidad. Se trata, en definitiva, de asumir la responsabilidad del elegido, y cumplir una misión superior, indiferente a la inmediatez y la moda, a las corrientes comerciales, y, en fin, al dinero y la fama. Por eso Faulkner escribe Santuario, John Dos Passos Manhattan Transfer y el propio Benet Volverás a Región.
Al dinero y la fama en política se le llama votos. Que los grupos políticos se pongan palos en las ruedas los unos a los otros, en contra del bien común, es conducta frecuente e inaceptable: que el país vaya mal para que el gobierno caiga. Y ese gobierno se mantiene, alimentando a las gallinas y dejando para los que vengan detrás las cosas importantes. A la felicidad general por el aprobado general, a la felicidad por la ignorancia, por poner un ejemplo. En definitiva, el viejo panem et circenses.