A comienzos de esta semana nos reunimos una parte del todo de España para hablar de presente y futuro. Un tiempo nuevo, tras este último año en el que hemos tenido que tomar decisiones difíciles con el objetivo de frenar la propagación del covid 19 y lo más importante, salvar vidas.
Ese ha sido el único horizonte que teníamos ante una emergencia que nos sobrevino sin manual de instrucciones, y en el que la prioridad más urgente ha sido y seguirá siendo la salud pública y la protección y sostenimiento de nuestro sistema sanitario, un elemento imprescindible para poder combatir la pandemia del covid 19, que ha puesto a prueba su capacidad de respuesta en un momento de máximo estrés.
Por ello, no debe haber nada más urgente en este momento que tratar, previamente a la financiación del Estado autonómico de nuevo, el mantenimiento del Sistema Nacional de Salud, para valorar qué sanidad queremos tener y cómo la queremos tener.
La sanidad española debe tener el apoyo presupuestario necesario y suficiente, no solo para garantizar la igualdad de oportunidades a la ciudadanía, con independencia de sus cuentas corrientes y de dónde procedan, sino también para mantener el sistema sanitario y dotarlo de los recursos suficientes que garanticen su permanencia como instrumento fundamental de cohesión social y de calidad.
Un reto que nos debe y nos tiene que interpelar a todos los poderes públicos del Estado pero también a la sociedad española en su conjunto, siempre desde la fortaleza de la unidad y el diálogo, porque vivimos en un país, España, que es nuestra patria común e indivisible, como recoge la Constitución de 1978. Un espacio público compartido que es de todas y todos y donde tienen cabida todos los territorios sin diferencias ni agravios comparativos, con las mismas prestaciones de unos servicios públicos de calidad universales y con una distribución de la riqueza justa y solidaria.
Sobre la base de esto, el objetivo fundamental de la reforma del Sistema de Financiación Autonómica debe ser garantizar el estado del bienestar, prevaleciendo el sostenimiento de los servicios públicos que se prestan a la ciudadanía. Solo así podremos avanzar hacia un nuevo proyecto de país desde la concordia, el diálogo y la unidad como elementos clave para el progreso de las sociedades democráticas.