Así, sin más

Tamara Montero
Tamara Montero CUATRO VERDADES

OPINIÓN

Carrie en París, en el último episodio de la serie
Carrie en París, en el último episodio de la serie

07 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Era inevitable. El tiempo se ha convertido en un espejo a través del que se han ido sucediendo diez capítulos de este nuevo capítulo, así, sin más. El vidrio se ha ido resquebrajando al mismo ritmo que los pequeños golpes con los que se iba desmoronando ese icono feminista que surgió de pronto con un grito furioso: Y qué vas a hacer allí, ¿comer cruasán? Resuenan los tacones sobre un diálogo afilado en aquella mañana triste de un Nueva York invernal. Y Miranda se precipita por el barranco dando un manotazo a unas prácticas imposibles de conseguir por irse a ver como se graba un piloto en Los Ángeles. Porque da igual que se llame Che o Petrovsky si solo reproduce un esquema patriarcal.

Carrie se asoma al puente y abre aquel bolso de Torre Eiffel al otro lado del cristal. Parecía que no podía llevar un vestido más exagerado en París, pero lo ha conseguido mientras lanza las cenizas de lo que ha sido, al parecer, la peor ruptura que ha tenido que soportar. ¿En cuántas mentes se habrá superpuesto de pronto la caligrafía angulosa e hiriente de aquel «Lo siento, no puedo, no me odies» que se había convertido en la metáfora perfecta de todas los abandonos humillantes que hemos conseguido superar? Ah, Charlotte se resumen en una frase: todo sigue igual. Samantha es una pantalla y la serie, una decepción vestida de alta costura, pero que desfila hacia atrás.