La deuda rusa con Ucrania

Yashmina Shawki
Yashmina Shawki CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

ZURAB KURTSIKIDZE | Efe

16 feb 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Pocos personajes históricos han sido tan estudiados como Adolf Hitler. Su catastrófica influencia y los millones de muertos ocasionados con el genocidio judío y la Segunda Guerra Mundial lo acreditan como uno de los mayores asesinos de la historia. Sin embargo, la primera mitad del siglo XX ha sido testigo de otros genocidas como Iosef Stalin, quizás la figura más odiada por los ucranianos, ya que su reestructuración económica provocó la muerte de más de cinco millones. El Holodomor, o genocidio ucraniano, de 1932 y 1933, resultado de la hambruna originada por la transformación en los medios de producción, sigue muy presente en un país que mantuvo su resistencia a los soviéticos hasta la desaparición de la URSS en 1991 y después a la influencia de la Federación Rusa hasta el 2013, cuando se iniciaron las protestas de Euromaidán.

La huida del presidente proruso Yanukóvich en el 2014, tras haber rechazado el acercamiento económico de Ucrania a la UE, inició un período de alejamiento de Moscú, largamente deseado por la mayoría de los ucranianos, pero muy temido por el Kremlin. Los desajustes ocasionados en el 2014 facilitaron que Rusia se apropiara de la península de Crimea y una franja importante en la frontera con Ucrania. Sin embargo, desde entonces y con la ayuda occidental, los ucranianos han ido reforzando su ejército hasta alcanzar más del millón de efectivos; poco comparado con los rusos, claro está, pero significativo para Putin, a quien disgusta estar rodeado de países no sumisos.

El desplazamiento masivo de tropas rusas a la frontera ucraniana, los ejercicios militares con fuego real en la frontera con Bielorrusia y la demanda de garantías de que Ucrania no entrará en la OTAN hacen temer que Putin dé el visto bueno a una invasión. Nadie mejor que los ucranianos sabe lo que puede acarrear.