El precio de la masacre

Carlos G. Reigosa
Carlos G. Reigosa QUERIDO MUNDO

OPINIÓN

OLEG PETRASYUK | EFE

Hace poco más de un mes ya se cifraba en más de 500.000 millones de euros el impacto negativo de la guerra de Ucrania, pero la cifra no ha dejado de aumentar, sobre todo al ir sumando cada día el balance de nuevas debacles en el Dombás y aledaños, invadidos sin clemencia. La resistencia ucraniana ha demostrado un coraje sin parangón, cierto, pero toda esa gran parte del mundo que está a su favor todavía no ha acertado a frenar la determinación invasora y aniquiladora de Vladimir Putin.

Es verdad que hay muchos movimientos en curso en el conjunto de la política internacional que buscan detener la matanza y lograr una salida al conflicto, pero da la impresión de que Putin no piensa transigir con ningún pacto que conlleve retrocesos o concesiones. La resistencia de Ucrania le ha ocasionado muchos más problemas de los que esperaba y también le está resultando notablemente más cara de lo que imaginaba. Y es que, una vez más, las guerras se sabe cómo empiezan, pero casi nunca cómo van a acabar. La de Ucrania, no nos equivoquemos, todavía no ha concluido.

¿A cuánto ascienden los daños causados a estas alturas? Creo que ya nadie lleva la bárbara cuenta, porque toda la atención está centrada en los muy inciertos horizontes que se abren y en la imposibilidad de fijar un espacio de entendimiento y de acuerdo.

Respecto al papel de España, son públicos los movimientos solidarios del presidente Sánchez…, pero lo que más ha sorprendido fue la difusión de las supuestas o reales hazañas pasadas de Carles Puigdemont, cuando, al parecer, se reunió con un emisario de Putin horas antes de declarar infructuosamente la independencia de Cataluña y huir al exilio. Sobre esta historia habrá que volver algún día, aunque a estas alturas no pase de ser una anécdota en el despatarrado puzle de Puigdemont.

Por su parte, Pedro Sánchez ha acertado en sus pasos, aunque con él nunca sea posible estar a salvo de sorpresas. Ha mostrado una total conformidad con los Estados que forman la UE y la OTAN, porque hay cosas en las que nunca se va a equivocar. Siempre sabrá qué posición ofrecerá una mejor imagen de él y, de momento, la UE y la OTAN son las que le aportan más credibilidad y acierto político.