Debate: de moderado a moderado

Uxio Labarta
Uxío Labarta CÓDEX FLORIAE

OPINIÓN

Alejandro Martínez Vélez | EUROPAPRESS

24 nov 2022 . Actualizado a las 05:00 h.

Vi el debate entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijoo. Uno debate por necesidad de visibilidad. El otro porque considera que le salió bien el primer envite, a demanda imperativa de Feijoo, y los sucesivos. Y ahí los tienen. Haciéndonos escuchar sustantivos como «imbatible» o «implacable», tan propios de las aventuras de Roberto Alcázar y Pedrín, pero en cualquier caso ajenas a la política de gestión o ideología, salvo que acudamos a las páginas de aquella aguerrida prensa franquista en los inicios de la Transición.

Se entienden los juegos de verdades subjetivas entre el jefe de la oposición y el presidente. Cada uno a lo suyo. Y en ese escenario cuesta ver la tremenda crispación que se predica.

Crispación tuvimos cuando Aznar quería llegar, pero le faltaba. Los tiempos del GAL, Roldán y la corrupción del caso Filesa. O los del 2004 y Zapatero, entronizando con falsedad a ETA en la autoría de los atentados de Madrid con la complicidad insinuada del PSOE. Una crispación que duró hasta el 2010. Crispación con ETA, que sigue, al extremo que hay biempensantes militantes del PP convencidos de que está activa. Crispación con la sentencia del Constitucional sobre el Estatuto de Cataluña y las mañas de recusación de magistrados no afines, lo que no impedía pactar con Artur Mas, el de CiU. Crispación con la independencia de Cataluña. Crispación con Casado tachando de ilegítimo el Gobierno de Sánchez.

La historia parlamentaria, política y de medios de comunicación ha dado momentos de crispación extrema, muy lejos de los que ahora se viven. Más allá del filibusterismo que supone la eternización de un maltrecho Poder Judicial por ver de sacar réditos y beneficios a la actual mayoría, mientras se reclama la paternidad de una Constitución que se alumbró por antecesores, pero no de línea directa. O se deteriora el sistema autonómico, achacando todos los males del mal gobierno propio al Gobierno de España.

Feijoo entró condicionado al debate por algunos de los suyos y por la exigencia de Vox para que participe en su moción de censura. Por eso el juego, un intento de chicuelina torera, de convertir municipales y autonómicas en trasunto de moción de censura debilita sus argumentos. Que no mejoran con el desplante aplazando su nuevo encuentro con Sánchez hasta su propia sesión de investidura.

Si no alcanzo a ver la crispación exagerada, sin extraterrestres bolsonaristas, sé que ya no será posible renovar el Poder Judicial, ni quizás el Constitucional, ni desde luego un pacto sobre la crisis económica o las consecuencias de la guerra de Ucrania. Como no fue posible con la pandemia. Sánchez, con el Gobierno en shock o no, va haciendo. También en Europa e incluso el mundo. Lástima que la gestión y la administración le queden lejos. Una tradición presidencial que alcanza a los gobiernos.