Alemania se frena, pero no se desploma
OPINIÓN

Muchos analistas esperaban que la economía germana cayese en recesión en el tercer trimestre del 2022 debido a la actual crisis energética, disrupciones en las cadenas de valor globales, inflación disparada y las consiguientes alzas de tipos de interés. Sin embargo, Alemania sorprendió con un crecimiento del 0,3 % entre el segundo y tercer trimestres, volviendo a su nivel de PIB prepandémico. A este hecho contribuyó un otoño con temperaturas suaves y la resiliencia del consumo interno.
Sin embargo, el punto crítico para la economía alemana podría llegar en febrero del 2023. Las reservas estratégicas de gas estaban al 95 % en octubre pese al corte de suministro a través del gasoducto Nord Stream 1, pero la cuestión es a qué nivel estarán en la segunda mitad del invierno si las temperaturas resultan ser muy bajas. Si las reservas menguasen podría tener lugar un racionamiento de gas que lastimaría las manufacturas intensivas en energía (metalurgia, vidrio, cerámica o mecánica). Y no hay que olvidar que la industria manufacturera representó un 20 % del PIB alemán antes de la pandemia, mucho más que en Estados Unidos o el Reino Unido, con solo 11 % y 9 % respectivamente.
El otro talón de Aquiles de Alemania es la inflación interanual: en octubre se situó en el 11,6 %, un punto porcentual por encima de la de la eurozona y a niveles nunca vistos en los últimos 70 años. Los hogares alemanes se ven obligados a recortar los gastos superfluos para poder calentar sus viviendas y comer, lo que dañaría los servicios no esenciales, como la hostelería y turismo. Además, la alta inflación en la principal economía de la eurozona precipitó las subidas de tipos de interés por parte del BCE, una jarra de agua fría para los gobiernos, empresas y familias más endeudados de la unión monetaria, entre ellos España, Italia y Francia.
El Gobierno alemán de Scholz pretende aliviar las facturas de gas y electricidad de los ciudadanos con un paquete de estímulos de 300.000 millones de euros, que representa un 8,4 % del PIB germano y dobla la suma de ayudas concedidas por Francia e Italia. Esta medida elevaría la deuda pública alemana, que ya se incrementó rápidamente en el 2020 a raíz de los alivios fiscales durante la pandemia. Varios socios de la eurozona —entre ellos Francia, Irlanda, Italia y Hungría— expresaron sus temores respecto al macro paquete energético, puesto que estimularía el consumo interno alemán y exacerbaría las presiones inflacionistas comunitarias.
No obstante, los dirigentes alemanes aseguran que el mantenimiento de la actividad de empresas y consumidores alemanes beneficiaría a los demás miembros de la Unión Europea, especialmente a sus mayores socios comerciales.