De ratones y de hombres

OPINIÓN

MONICA IRAGO

05 mar 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Antes en las casas había ratones, y no importaba. Los ratones salían de sus madrigueras cuando los humanos se acostaban, y recorrían las viviendas con entusiasmo, dejándose llevar por el olfato de sus bigotes; y, cuando encontraban un corrosco de pan en la mesa de la cocina o una alacena abierta, roían hasta hartarse y luego dejaban las minúsculas bolitas de negras de sus cagarrutas como firma de la tropelía, como el Zorro deja una Z. Los ratones no eran animales domésticos, aunque Cenicienta les pusiera gorros y pantalones, como al Ken y la Barbie. Los ratones eran independientes y anarquistas, nocturnos y libertarios.

Los niños entonces veíamos las aventuras de Jenks, Pixie y Dixie en la televisión en blanco y negro. Se trataba de los esfuerzos del primero, un gato con acento andaluz, para atrapar a los otros dos, unos ratones mejicanos. También veíamos a Speedy González, el ratón más rápido del mundo.

Cuento todo esto porque los ratones nos conectaban con nuestros ancestros, eran la vida animal coexistiendo en el corazón de nuestras guaridas. No los perros domésticos que sometemos y humanizamos, no los gorriones que vuelan precavidos en los parques. Los ratones invadían nuestra intimidad clandestinamente, y con la luz volvían a sus guaridas, como Dick Turpin.

Hoy la Ley de Protección Animal humaniza a las otras especies, y me parece bien. Pero los ratones no acatan normas ni leyes.