¿La gestación subrogada es una simple técnica más de reproducción?
OPINIÓN

El debate generado por la gestación subrogada viene de lejos. Tanto en su vertiente legal como en la estrictamente médica y, sobre todo, ética. Lo primero, dejar claro que se precisa generar un embrión por fecundación in vitro, para después transferirlo (y que implante) al útero de la mujer subrogada. La mujer consiente en llevar adelante una gestación con el compromiso de entregar el recién nacido a quien la subroga. En España, la situación es clara: es ilegal su realización. Pero la opinión médica, sobre todo en las unidades de reproducción, tiene muchos matices. Existen situaciones por las que se recurre a ella: una sería la necesidad de un útero ajeno para gestar porque hayas nacido con una malformación que provoca que no tengas útero (pero sí ovarios) o que se haya tenido que extirpar por una enfermedad; otra situación es la necesidad del mismo porque somos una pareja de homosexuales masculinos.
Una variante importante es si se aporta el óvulo propio y el esperma de tu pareja, o son de donante (uno o ambos), o, incluso, que el óvulo proceda de la mujer subrogada. Y, quizá lo que más controversias crea, la posibilidad que se realice tras un acuerdo económico, un contrato mercantil entre las partes, o bien que deba realizarse de forma altruista. La situación se complica aún más si se trata de una familiar (madre, hermana…)
Como se ve, las variantes son múltiples. Si se enfoca desde un punto de vista médico, existen casos que, bajo estrictas condiciones de control (comités clínicos, tutela judicial, subrogación de familiares...), constituiría la única solución para un problema clínico y, por tanto, debería tenerse en cuenta. De hecho, el nuevo código deontológico de la OMC lo contempla como situación a valorar en el futuro, excluyendo el intercambio económico (artículos. 65.1 y 65.2)
La pérdida de capacidad reproductiva por la edad, por la menopausia (no la precoz, que sería una enfermedad), o la llamada «esterilidad estructural», porque eres un varón y no puedes gestar, son situaciones que precisan una reflexión profunda por los límites de aceptación de lo personal; de la adaptación a lo que la vida te depara; a la intolerancia a la resignación; a conseguir lo que se quiera por el mero hecho de desearlo. Entre lo que se puede y se debe hacer.
El deseo de tener un hijo no puede aceptarse como que el fin justifica todos los medios. En algunos países que es legal su realización, la situación de vulnerabilidad económica de muchas mujeres que aceptan la subrogación es real. Los trastornos psicológicos de las mujeres que entregan el niño al nacimiento no deben minusvalorarse. Pero, además, las posibilidades económicas para su realización crean un verdadero sesgo de justicia y equidad, que puede ser frustrante cuando se exhibe de forma imprudente. Y todo ello antes de tener en cuenta lo más importante: el niño. Su interés debería estar por encima de cualquier otra consideración. Pero ese niño, lo más significativo, lo que es, lo que supone, su futuro, parece que es de lo último que se habla.