
África conforma con los Orientes el centro de la geopolítica del siglo XXI. Con una media de edad de 19,7 años (en Europa es de 42,2 años) y unas previsiones de crecimiento que duplicarán en el 2050 los 1.300 millones actuales, alberga sociedades jóvenes —el 65 % de la población está por debajo de los 30 años—, donde las mujeres juegan un papel cada vez más determinante. África es un continente de más de treinta millones de kilómetros cuadrados, donde avanzan los intereses de países —eso sí, autocráticos— como China, Rusia o Turquía, que en África van ganando. Europa, la colonial, se ausenta. Estados Unidos, bien a través del Magreb y sus posiciones en Marruecos, bien directamente en la cumbre de EE.UU. con líderes africanos el pasado diciembre en Washington, las visitas repetidas de los secretarios de Estado y del tesoro, y la muy reciente visita de la vicepresidenta Kamala Harris a Ghana, Zambia y Tanzania, retoma una política activa en favor de sus intereses. Estrategias singulares para cada país que responden a ser, respectivamente, la democracia más asentada de África, la de mayor deuda externa —parte con China—, o aquel país, el único de África, donde la presidencia la ostenta una mujer.
Lector de periódicos desde la adolescencia, disfruto con ello y con todas las formas y soportes del periodismo. Entre los libros, mantienen la sorpresa periodística desde el apasionante clásico El bacalao. Biografía del pez que cambió el mundo, de Mark Kurlansky, hasta el reciente Quijote en el Congo, de Xavier Aldekoa. También su reportaje audiovisual Río Congo. Un viaje por el gran río de África, en colaboración con el equipo multimedia de La Vanguardia, con el que han logrado el Premio Ortega y Gasset. Aldekoa llegó a mis lecturas de la mano de la Fundación Araguaney, quien lo premió hace unos años por La tribu maldita del lago, y con el libro de conversaciones con Alfonso Armada África adentro.
Por eso se agradece que existan reporteros y corresponsales. Uno disfruta, y ha disfrutado, con el trabajo de periodistas como Manu Leguineche, Mónica Prieto, David Beriain, Alfonso Armada, Ramón Lobo, Maruja Torres o Xavier Aldekoa. Porque sin ellos no sería posible asombrarse y estremecerse no solo con historias de guerra, abuso o expoliación, sino con historias de futuro como las que recoge África en femenino. Un femenino universal que Aldekoa sintetiza en «Gavi, carnaval y los detalles», una pieza magistral quizás de periodismo futbolístico.
Amolado como estaba por la desaparición irrecuperable de un naciente Codex con el que importunarles —con la venia de esta casa— sobre Israel, sus relaciones tan tardías con España y la tropelía judicial —allí también los jueces— de Netanyahu y sus coaligados, me fui a África para alejarme de quien me había abandonado. «Porque alejarse de quien no te quiere es fortaleza», algo que se aprende con la vida. O tal dicen quienes aún van creciendo.