La izquierda, perdida
OPINIÓN
Las elecciones municipales del 2023 suponen el mejor resultado resultado de la derecha en unas locales desde 1979. ¿Qué ha pasado? Tres cosas: la derecha se ha movilizado, la izquierda se ha desmovilizado, y todo indica que parte de la izquierda moderada ha optado por el PP.
La reacción de Pedro Sánchez ha sido fulminante: convocar elecciones generales. La convocatoria podía haber supuesto un cambio de rumbo, en positivo. Pero eso habría exigido un pausado análisis de las razones de ese fiasco electoral, análisis que no parece haberse hecho.
El inicio de campaña de Sánchez, calificando como extrema derecha y derecha extrema a quienes han recibido el apoyo de cerca de 9 millones de españoles sugiere que no ha entendido nada. Y tratar de identificar al PP de Feijoo, un hombre normal, respetuoso y tranquilo, con la derecha extrema, es otro indicio de cuán perdida anda esta izquierda.
Su diagnóstico respecto al 28 de mayo es simple: el PSOE ha gobernado muy bien, ha superado con nota las graves consecuencias del covid y de la guerra de Ucrania, y además ha logrado avances sin precedentes en derechos sociales. Pero la derecha trumpista, junto a la conspiración de los medios, mayoritariamente conservadores, han conseguido engañar a los españoles. La consecuencia sería ese resultado electoral, rotundamente injusto. Las muchas cabezas brillantes que hay en el PSOE y aledaños son, sin duda, capaces de ofrecer un análisis más sofisticado de lo ocurrido el 28-M. Considerar injusto el veredicto de las urnas, y decirlo abiertamente, es otra prueba evidente de lo perdido que está el PSOE que Sánchez lidera.
Queda la otra izquierda, claro, esa que está a la izquierda del PSOE. Hay quien defiende que, si logra concurrir bajo el paraguas de Sumar, podrían mantenerse en el Gobierno tras las generales del 23 de julio. Sin embargo, esa izquierda cuqui se ha vuelto una jaula de grillos, que muy difícilmente recuperará la confianza de sus electores tras una paz forzada.
El Gobierno parece recluido en una realidad paralela, con los altos cargos en sus despachos, escuchando solo a sus camarillas de obsecuentes, y orillando el criterio de órganos consultivos de prestigio y de otros servidores públicos competentes. La izquierda debiera salir de esa burbuja en que vive y mirar lo que pasa en la calle y en la vida de la gente normal. La incesante subida de precios, primero de la energía, luego de la cesta de la compra y ahora de las hipotecas, está poniendo a los españoles en una situación límite. La publicidad del Gobierno, que se dice el más social y de izquierdas de la historia, no parece haber tenido efecto: la gente quiere hechos, no palabras.
En fin, a esta izquierda le falta, para empezar a encontrarse, salir a la calle. El problema no es que no sepa hacerlo, ni que no pueda. El problema es que no parece querer. Pero veremos. Queda, aún, mucha campaña.