La oferta

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

ALVARO BALLESTEROS

17 jun 2023 . Actualizado a las 05:00 h.

Vi estas últimas semanas la miniserie The Offer, que cuenta cómo se gestó la película El Padrino y los problemas que su productor, Albert S. Ruddy, tuvo que superar para llevarla a las pantallas. Ayer la terminé con esa morriña que, al final de un buen libro, te lleva a sobar la contraportada y releerla, a mirar otra vez la foto de la solapa, a acariciar el volumen una y otra vez sin atreverte aún a enterrarlo en la estantería. No me suele ocurrir con las series. Pero esta explora algunos túneles del proceso creativo y de su comercialización masiva de un modo que deja patente cuándo un productor es un artista y cuándo actúa solo como un mercader, eficacísimo quizá. Las figuras de Robert Evans y Al Ruddy permiten atisbar de qué pasta están hechos los verdaderos productores, una mezcla de «cerebro y agallas», como dice uno de ellos, a la que habría que añadir una sensibilidad artística infrecuente, esa que distingue a los verdaderos genios.

Quizá estoy exagerando, porque en un diálogo de la serie se refieren a algo en lo que creo mucho: en que los grandes comunicadores no son aquellos que le dicen a la gente lo que la gente quiere oír. Esto puede tener un cierto interés comercial inmediato, pero nunca alumbra nada apasionante, por la misma razón que un edificio excepcional requiere algo más que arquitectura o por la que una buena novela no debe ser previsible. Los grandes comunicadores dicen a la gente lo que la gente necesita escuchar, y ni siquiera sabe que lo necesita.

Esto es muy arriesgado. Desde luego en los productos culturales masivos, pero también en la educación y, de otro modo, en la política.