Prigozhin

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre MIRADAS DE TINTA

OPINIÓN

Pool / Wagner Group / Zuma Press | EUROPAPRESS

Lo de Rusia es una historia interminable que conforme avanza el tiempo se vuelve cada vez más siniestra; salvo los seis años que con Gorbachov —el primer universitario que dirigió la antigua URSS— parecía que el país daría definitivamente paso a una nación moderna a través de la glasnost (apertura y transparencia) y la perestroika, el resto de su historia ha sido siempre feroz y oscura. Se trata de un país capaz de las más grandes gestas y de las mayores atrocidades sobre su pueblo ejercidas por dirigentes sombríos con aspecto de militares del siglo XIX.

La penúltima ha sido esta especie de rebelión llevada a cabo por el grupo militar mercenario llamado Wagner, al parecer, por sintonía con su inspiración neonazi. Un grupo que opera en todo el mundo bajo la protección de Rusia que, hasta hace poco, no reconoció su patrocinio. Una vez más, se delata con esa opacidad soviética, juego de intereses de oligarcas forrados, maneras de la KGB y bocadillos de plutonio para disidentes. Otra vez las mismas técnicas y tácticas que el bueno de Gorbachov y posteriormente su sucesor, el ventilado Boris Yeltsin, creían haber superado. Vuelta a lo mismo y a la misma maldición para el pueblo ruso que parece condenado a padecer los mismos dirigentes que arruinaron su país una revolución tras otra. Si el señor Putin resulta paradigmático en cuanto al perfil de dirigente soviético clásico, lo del jefe del grupo Wagner al que alentó es para nota.

El señor Yevgueni Prigozhin, jefe de ese ejército de matones a sueldo, resulta ser un empresario de hostelería que se forró vendiendo perritos calientes o algo parecido. Si lo miran de cerca da mucho miedito, se le ve capaz de todo, hasta de comerse con vodka a su patrocinador.

Cría cuervos…