A medida que aumenta la presencia de embarcaciones en nuestras costas, también lo hace el número de interacciones entre las actividades humanas y los cetáceos. El potencial de que exista algún tipo de interacción se amplifica enormemente en las zonas de alimentación de los cetáceos donde las actividades humanas y el alimento de estos depredadores se solapan. Este es el caso de las orcas que visitan cada año las aguas gallegas siguiendo la migración de los atunes. La presencia de este depredador marino en nuestras aguas ha pasado casi desapercibida hasta el 2020, año en el que comenzaron las interacciones entre esta especie y los veleros. En la actualidad la llegada de las orcas a las aguas gallegas ya es un evento tan regular que para muchas personas se comienza a asociar con el verano. De igual manera, la presencia de orcas se relaciona con un riesgo para la navegación, al provocar algunos ejemplares daños en los timones de las embarcaciones. Todo apunta a que durante la interacción directa con los timones las orcas más jóvenes aprenden reglas básicas como con qué fuerza pueden morder, con qué brusquedad pueden interactuar, y ayuda a los animales a prepararse para la persecución de sus presas. Esta actividad, en resumen, prepara al cerebro para lidiar con lo inesperado. Pero, ¿cómo nos preparamos nosotros, los navegantes, para evitar estos encuentros inesperados? La clave es estar bien informados para evitar navegar en zonas y períodos en los que las orcas transiten por nuestras aguas. Por ejemplo, los más de 3.500 usuarios de la aplicación Orcinus, impulsada por Portos de Galicia y desarrollada por mi instituto de investigación, han permitido crear un importante nexo de unión entre navegantes y científicos con el único objetivo de facilitar una navegación segura. Los resultados son esperanzadores ya que hemos podido predecir con una alta precisión la llegada de las orcas a nuestras aguas. Además, la información aportada por los navegantes que tuvieron percances con las orcas es fundamental para establecer una guía de conducta para una navegación segura. Es importante navegar a profundidades inferiores a los 50 metros (siempre que la navegación sea segura) y evitarlo hacer durante la noche en aquellas zonas con presencia de orcas. El uso de deterrentes ya sea acústicos (pingers, petardos, etcétera) como físicos (arena, etcétera) no parecen provocar cambios en la conducta de los animales. Por último y no por ser menos importante, en el caso de observar orcas en las proximidades lo mejor es abandonar la zona con la mayor celeridad posible con rumbo hacia la costa ya que se ha podido constatar que detener la embarcación no evitará estos encuentros inesperados.