
Antes el caos que un acuerdo. Así es posible entender la destitución de McCarthy, presidente de la Cámara de Representantes de los EE.UU., por ocho de sus correligionarios en una de las votaciones que mejor explica la dinámica de los republicanos de Trump para gobernar los EE.UU. Allí también los amigos se convierten en enemigos. Y solo es necesario que un 4 % de los suyos se disgusten para lograr la destitución de la tercera autoridad en los EE.UU.
Cierto que su llegada había necesitado de 15 votaciones, puesto que quien ahora encabezó esta destitución, Matt Gaetz, sostuvo el pulso en su candidatura contra Kevin McCarthy hasta que Trump mandó parar. Las 15 votaciones eran para establecer el poder del extremismo MAGA, las siglas en inglés de Hacer que EE.UU. vuelva a ser grande, lema del trumpismo.
Kevin McCarthy culpó más a los demócratas que no le apoyaron, pudiendo así evitar su destitución, que a sus propios correligionarios republicanos. Lo que siendo cierto oculta que la operación de acoso y derribo la inician Matt Gaetz y los suyos. En una clara y definida estrategia trumpista o de la derecha extrema. Que había sido preparada en las 15 votaciones y habían hecho prisionero a McCarthy cuando aceptó la regla de que solo una persona podía presentar una moción para destituirlo. Dando paso a una situación muy compleja en los Estados Unidos, en la que en primer lugar se necesita un acuerdo entre los republicanos para elegir al sustituto de McCarthy, una elección condicionada por la presencia muy importante del trumpismo como ya se vivió en aquellas 15 votaciones, y porque luego de la elección del nuevo speaker de la Cámara de Representantes esta deberá afrontar la aprobación o rechazo de los presupuestos del Gobierno Biden.
Entre los republicanos que se opusieron a la destitución no solo se prevé un futuro complejo en la Cámara de Representantes, sino que no se observan mínimos acuerdos sobre quien pueda sustituirlo. Unos como Gaetz atacan preventivamente a Steve Scalise, segundo republicano de la Cámara de Representantes, incluso con su leucemia. Otros diagnostican el caos, dado que no se sabe de ningún plan o propuesta alternativa. Por más que algunos republicanos dan a entender que la minoría demócrata se alíe con algunos republicanos, algo probablemente improbable.
En el medio una lucha de intereses entre los republicanos y su necesidad para persistir en la vida política y lograr fondos para sus campañas, además de venganzas entre facciones del mismo partido, impulsada por el extremismo MAGA. Similar a aquella proclama de Vidal-Quadras, Abascal, y Ortega Lara antes de septiembre del 2012. O algo así como si en nuestro país el PP hubiera alcanzado un acuerdo con el PSOE para la renovación del poder judicial, y a partir de ahí una partida levantisca, con intereses propios, hubiera impedido el acuerdo, o a posteriori, aún alcanzado este, hubiera removido a la dirección del partido. Algo plausible, pero no realidad. Todo se va pareciendo.