Balaam y la Estrella

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

Raúl Caro | EFE

06 ene 2024 . Actualizado a las 11:39 h.

La estrella que guio a los Reyes hasta Belén lució por primera vez unos mil trescientos años antes que los propios Magos, en la profecía de un vidente no judío que se llamaba Balaam. Debía de ser un tipo honrado. Por aquellas fechas, el pueblo judío estaba llegando a la Tierra Prometida después de errar cuarenta años por el desierto. Moisés vivía aún. Ya eran guerreros feroces y, tras aniquilar varios pueblos, les tocaba la vez a los moabitas. El rey Balac temió seguir la misma suerte que los anteriores y mandó llamar a Balaam, un vidente de fama, para que fuera a maldecir a las tribus judías acampadas contra él. Balaam no quería ir, pero al final no le quedó otro remedio. Por el camino se encontró con un ángel (en el famoso episodio de la burra de Balaam) que le advirtió: «Ni se te ocurra decir nada distinto de lo que Dios ponga en tus labios». Era lo que le faltaba al pobre Balaam. Llegó frente a las tiendas de los judíos y, en vez de maldecirlas, las bendijo, y anunció de paso la llegada de la Estrella para siglos más adelante. Pese a esta faena, Balac permitió que Balaam regresara a su tierra, en Mesopotamia, donde parece que fue pasado a espada por… los israelitas.

Por fin, llegó el Mesías, llegó la Estrella y llegaron también unos Magos ajenos a Israel para adorarlo. El rey de los judíos, un incrédulo torpe e incoherente que temía al Mesías, lo mandó matar. Como no lo encontró, acabó con la vida de todos los niños que podían tener su edad. Los Magos y el Niño escaparon del monstruo, que se quedó temblando, inseguro, atrapado en un castillo de cartón piedra, bajo la mirada de desprecio de todos los inocentes del mundo asesinados con el consentimiento de la autoridad.