Coco Chanel o la pobreza del lujo

Cristina Gufé LICENCIADA EN FILOSOFÍA Y CIENCIAS DE LA EDUCACIÓN

OPINIÓN

María Pedreda

08 feb 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Paul Poiret dijo de Gabrielle, su rival en la moda: «La Chanel inventó la pobreza del lujo». ¿Qué significado podría ocultarse en esta expresión? El diminutivo Coco procede del estribillo de una de las canciones que el público repetía cuando Gabrielle Chanel en su juventud se dedicó a la canción; Cocoricó imitaba el canto del gallo.

Esta mujer, llamada a revolucionar el mundo de la moda, nació en 1883 en la ciudad francesa de Saumur, hija de Albert, un vendedor ambulante, y de Jeanne, quien fallecería muy joven. Fue entonces cuando Gabrielle pasó a formar parte de las niñas pobres del orfanato de Obazine —abadía cisterciense del siglo XII—. El tiempo allí transcurrido marcará su vida y creatividad.

En 1935, la empresa de moda Chanel contaba con cuatro mil empleados, pero antes de alcanzar el éxito y la riqueza se sucedieron distintos avatares. Dice su biógrafa, Katharina Zilkowski: «Le agradaba el estilo de la vestimenta severa que conocía desde los doce años… iba a desarrollar su look en base a los uniformes de los colegios franceses de señoritas. Haría de la sencillez un principio. Su divisa era: «Menos es más». Según apunta una de sus amigas, «las mangas jamás resultaban tan perfectas como ella hubiese querido… me atormentaba con sus alfileres… hablaba transmitiéndome toda suerte de especulaciones filosóficas».

El secreto podría estar en haberse acercado a la verdadera elegancia como cualidad de los valores estéticos, siendo estos, según el filósofo Max Scheler, valores objetivos de tipo espiritual. Caminó vagabunda —como lo estuvieron su padre y antepasados campesinos— detrás de una idea: lo bello debe ser hallado en la pobreza, ya que el lujo, en su estilo, le toma prestado a lo pobre, sin saberlo, el carácter oceánico de la carencia. Dicho de otro modo: hemos de quitarle valor a lo que creemos valioso porque el valor real carece de adornos, se mezcla con la nada. Esto se pone de manifiesto en su creación: sencillez, afán de perfección, bisutería en lugar de joyas, tejidos naturales o la incorporación del negro, que era propio de las clases humildes, hasta convertirlo en el color de los vestidos de gala.

Según Edmonde Charles-Roux, otra biógrafa, antes de construir su mansión La Pausa, donde todo estaría minimizado, mandó al arquitecto al orfanato de Obazine para que se inspirara en su simplicidad. Gabrielle perdió a su madre siendo una niña y eso la afectó hasta un punto (que no se podrá saber ya) que ella se ocupó de ocultar o falsear datos para no revelar la profunda herida que le llevó a decir: «Morí a los doce años». La soledad fue la verdadera marca, pero también añade: «En mis sueños nunca estoy sola».