
Cuando parece que no se puede caer en más rabbit holes llegan los gurús del bienestar, personas que por alguna razón han decidido que la salud mental —no está de más recordar que también es salud— es más una actitud personal que un complejo conjunto de circunstancias personales, ambientales, sociales y contextuales. Resulta que el sufrimiento se reducía a buscar personas vitamina y huir de las tóxicas (porque solo existen el blanco o el negro, dos posiciones, el equipo de los buenos y de los malos), que es el cortisol el culpable de las condiciones precarias, no llegar a fin de mes, vérselas y deseárselas para pagar los alquileres desorbitados (de hablar de hipotecas ya hace tiempo que hemos desistido) y de que con el mismo dinero cada vez la cesta de la compra se puede llenar menos.
El sentimiento de culpa por no estar produciendo esas pocas horas que todavía te pertenecen solo a ti, las relaciones líquidas, la incapacidad de desarrollar conexiones profundas y significativas simple y llanamente porque no existe el tiempo para cultivarlas y cuidarlas, todo eso es un problema individual porque no tenemos una actitud positiva, o porque no sabemos organizarnos, o porque preferimos el papel de víctima. A todo este tipo de gurús de la psicología, saludos cordiales y el regalo de una nueva etiqueta: sois personas indigestas.