El odio

Mariluz Ferreiro A MI BOLA

OPINIÓN

Rafa Alcaide

30 mar 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Las fronteras de la justicia y de la moral no siempre se sobreponen de manera perfecta. Son lindes difusos, perdidos a veces en los grises. Pero, en principio, no solo deberíamos guiarnos por esa alambrada creada únicamente por la amenaza del castigo legal, como si fuéramos una vaca acercando el hocico hasta el límite del prado porque sabe, por experiencia, que se topará con una vigorizante descarga eléctrica. Está la libertad que permiten las leyes. Y la conciencia que regula a cada uno. Grandes creaciones han sido también monumentales provocaciones, desgarros por los que el arte ha abierto nuevos caminos.

España debate sobre El odio, el libro sobre José Bretón, el individuo que mató a sus propios hijos y torturó a su ex, Ruth Ortiz, negando el crimen y fabulando sobre el paradero de los dos pequeños. Violencia vicaria llevada al extremo. Los niños utilizados como un puñal. Ese es el brutal contexto. En este caso no se juzgó a una persona que accidentalmente comete un homicidio, ni a un soldado adolescente que fue educado en la atrocidad cotidiana de la guerra. Se condenó a un tipo del primer mundo que no dudó en usar la vida de sus hijos como un mero instrumento, seguramente estará encantado de haber encontrado una nueva herramienta que permita prolongar el tormento de la madre: páginas y páginas nacidas de su visión del crimen, que no había confesado hasta ahora. Se le ha entregado el relato y el megáfono a alguien que tiene prohibido contactar con la víctima que queda viva. Y se le han administrado unas generosas dosis de empatía.

Ahí reside ahora el dilema legal. El dilema moral debería haber surgido mucho antes entre los que han hecho posible la obra.