
Son muchos los que piensan que la Segunda Guerra Mundial terminó el 8 de mayo de 1945, fecha de la capitulación de la Alemania nazi ante las tropas de los países aliados tras el suicidio de Adolf Hitler en su búnker el 30 de abril con los soviéticos a las puertas de Berlín. No es correcto. Esa fecha marca el final de la segunda gran guerra en Europa, pero el mismo conflicto en el teatro del Pacífico no terminó hasta el 2 de septiembre de 1945, cuando el emperador Hirohito firmó el instrumento de rendición a bordo del acorazado estadounidense Missouri en la bahía de Tokio, tras aceptar el emperador nipón la Declaración de Potsdam suscrita por las potencias aliadas. Existe la costumbre de identificar el conflicto bélico que asoló el mundo entero entre 1939 y 1945 con el viejo continente. Polonia, Normandía, Stalingrado, Londres, Dresde, toma de París, etcétera, pero nada puede resultar más falto de rigor histórico. Quizá Hollywood le haya dado más protagonismo, pero la lucha entre norteamericanos y japoneses nada tuvo que envidiar a las batallas europeas. Las bombas de Hiroshima y Nagasaki dijeron hasta aquí hemos llegado.