
La reciente visita del primer ministro de Israel, Benjamín Netanyahu, al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha enfriado las expectativas de un avance hacia la paz en Gaza, donde siguen sucediéndose los ataques del Ejército israelí, con decenas de muertos cada día y con más de un centenar el pasado 9 de julio, según el Ministerio de Seguridad, en manos de Hamás.
Trump ha manifestado que confía en la pronta llegada de un alto el fuego capaz de mejorar la situación. Algo que coincidiría con ciertos avances logrados en Doha, según el negociador estadounidense Steve Witkoff.
La Unión Europea ha hecho público un acuerdo con Israel que permitirá un mayor acceso y distribución de ayuda humanitaria internacional en la Franja de Gaza, ahora fuertemente bloqueada por el Gobierno de Netanyahu, pese a las acuciantes necesidades que sufre la población de la Franja gazatí. «Logramos un acuerdo con Israel para ampliar la ayuda humanitaria a Gaza», anunció la alta representante para la Política Exterior de la UE, Kaja Kallas. Pero la realidad es que Netanyahu, que acaba de proponer a Trump para recibir el Premio Nobel de la Paz, no parece querer avanzar por estos senderos de paz. Quizá porque para Israel el final de la guerra debe incluir la desaparición de Hamás, con el envío al exilio de todos sus líderes, para alcanzar así el final de la guerra de Gaza, que ya dura más de 21 meses.
El primer ministro israelí afirmó el pasado jueves que está dispuesto a negociar un alto el fuego permanente en Gaza durante una tregua de 60 días, pero solo si se desmilitariza el territorio palestino. Las condiciones fundamentales de Israel son que Hamás deponga las armas y deje de tener capacidad de gobierno o militar. Lo que quiere decir que, de momento, aún no hay tregua en Gaza.