Rubiales, historia de un macarra

Fernando Hidalgo Urizar
fernando hidalgo EL DERBI

OPINIÓN

Francisco Guerra | EUROPAPRESS

19 nov 2025 . Actualizado a las 11:29 h.

Sin duda, la imagen de la pasada semana fue la de Luis Rubiales saltando como un miura a por su tío, quien la había emprendido a huevazos durante la presentación del libro del expresidente de la Federación Española de Fútbol. Rubi, como le llaman sus amigos, salió como una bala a por su agresor y pariente y tal y como el mismo reconoció, cualquiera sabe lo que hubiese pasado si varias personas no se hubieran interpuesto entre los dos.

Escuchando al controvertido exdirigente, comprobamos la visión idílica que tiene de sí mismo. Él considera su acción como un movimiento audaz que salvó de una violenta agresión a unas niñas y a una mujer embarazada que se encontraban presentes en el acto. Se retrata como un héroe y una víctima a la vez, pero en todo momento con una idea cuasi mesiánica de su modo de actuar. Siempre está salvando a alguien o a algo, bien sea el fútbol español, bien al propio país con la consecución del Mundial o bien a unas pobres ciudadanas indefensas atacadas por un chalado. Claro que también salvó a Piqué, a quien puso en bandeja de plata una comisión de 24 millones de euros anuales por la Supercopa de Arabia.

Pero los demás también tenemos nuestro punto de vista sobre la reacción de Rubi ante los huevos voladores. Y vimos, una vez más, la imagen de un macarra que lo mismo está dispuesto a liarse a bofetadas, que se agarra sus partes en un palco de autoridades durante la disputa de un Mundial, da un «piquito» no consentido a una futbolista o carga a otra a hombros en medio del terreno de juego. Rubiales no tiene límite y durante su etapa en la Federación ha sido el rey del conflicto.

Los juzgados dirán si ha metido la mano en la caja o no. De momento, no parece probada tal cosa. Lo que sí ha sido ya probado y condenado fue su beso a Jenny Hermoso. Pero lo que no hace falta que venga un juez a certificar es su comportamiento y maneras de dirigir la Federación y relacionarse con los demás organismos del deporte español. Su período al frente de Las Rozas fue etapa oscura para este país. Instalado en el conflicto permanente, victimista como nadie, egocéntrico y agresivo en su dialéctica cotidiana protagonizaba un lío cada día y al final tuvieron razón aquellos que auguraban que caería víctima de sus múltiples excesos.

Desde su marcha forzosa, las cosas han cambiado. La llegada del gallego Louzán ha pacificado la Federación y ha acabado con la eterna guerra entre este organismo y la Liga. Rubi acusa a Louzán de haberse rendido y sometido a todas las reivindicaciones de Javier Tebas, su gran archienemigo. Pero lo cierto es que por el bien del fútbol español, la Liga y la Federación estaban obligadas a entenderse y mantener vías abiertas de negociación permanentemente. Y eso es algo que nunca ha entendido Rubiales, para quien solo debe haber un gallo en el corral.

Ahora, intenta ajustar todas sus cuentas por medio de su polémico libro. Menos mal que antes, la Justicia y el propio fútbol, le pusieron en su sitio, que es lejos del deporte y de cualquier puesto de poder.