Mascotas y divorcios

I. Bermúdez de Castro PASOS SIN HUELLAS

OPINIÓN

Ronald Peña R | EFE

16 dic 2025 . Actualizado a las 05:00 h.

Las leyes y la jurisprudencia evolucionan a la par que la sociedad. Hace no muchos años resultaría impensable que se le planteara a un juez con quien iba a quedar la mascota tras un divorcio. Indudablemente lo más acertado es que las partes lleguen a un acuerdo. Por semanas, quincenas o en función de la disponibilidad de cada uno. Todo esto comenzó hace cuatro años con la ley 12/2021, modificadora de diversos preceptos legales que pasaban a reconocer a determinados animales como «seres sintientes», por lo cual se acababa con la fea costumbre de algunos de, en caso de ruptura matrimonial, dejar al perro abandonado en una gasolinera. Por el contrario, en la actualidad se obliga a los propietarios a cuidar a las mascotas teniendo en cuenta su bienestar. Por mucho que a algunos les extrañe, e incluso les moleste, parecido a lo que acontece con los hijos, pero en vez de proteger el «interés superior del menor», hacerlo con el «interés del animal». Para entender la custodia de las mascotas hace falta amar a los animales. A quien no les gusten o respeten le puede parecer una excentricidad. Ahora va a resultar, dicen, que es lo mismo un hijo que un chucho. Claro que no. Pero una cosa no quita la otra. Y esta, sin ninguna duda, es la forma de proceder acorde a derecho.