Extremadura. Al candidato Gallardo no se le pone cara de poema ni siquiera cuando es oficial que el PSOE acaba de ser ignorado por el electorado, que sus votos caben en la guantera de un Peugeot y sobra espacio. A esas horas solo él, que ha perdido hasta en su pueblo, sabe que acabará renunciando a la secretaria general del partido en la comunidad pero no al escaño, porque renunciar al escaño, explicará, sería «traicionar a los votantes». Si en algún instante Gallardo tuvo la tentación de decir que no al aforamiento y al aforramiento, con dos erres, su cabeza desechó esta peregrina idea en cosa de tres segundos. He aquí a Miguel Ángel poniendo pies en polvorosa de su apellido. Traicionar a los votantes. De sus múltiples variantes podrían hablar largo y tendido los bustos de papel que, bajo el rótulo 40 años de progreso, contemplan sin inmutarse cómo pasa literalmente a mejor vida el finiquitado candidato. Son, por este orden, José Luis, Felipe y Pedro. Ay, Pedro.