El tic-tac de Vecna se asoma a la Puerta del Sol. Los canales tradicionales que fijen el plano en el reloj durante los primeros segundos del nuevo año participarán necesariamente de una masiva campaña de promoción por parte de una de las plataformas de streaming que les restan espectadores día a día. «¡Feliz 2026!», proclamará, en grandes mayúsculas huecas, un cartel situado encima de la esfera más famosa del país. Para muchos será un rótulo más; para los fans, una tipografía inconfundible que evoca las novelas de Stephen King y, por extensión, el famoso logotipo de la serie Stranger Things. Quienes cuentan las horas para la despedida de esta superproducción de Netflix, los que oyen en bucle en su cabeza la melodía de Kate Bush, no necesitan muchos anuncios para saber que poco después de las uvas acabará todo. La disyuntiva será elegir entre fiesta o ciencia ficción.
La larga duración del capítulo final, dos horas y poco, parece escasa de antemano para lograr rematar las tramas y responder a todos los interrogantes suspendidos en el espacio-tiempo. Mientras el mundo festeja, sus creadores afrontarán la primera tarea trabajosa del año, esa quimera de intentar complacer a todo el mundo después de diez años de adhesión inquebrantable. Las expectativas desmedidas conducen con frecuencia a colofones desilusionantes, así que mejor será despreocuparse y disfrutar.