Todos sabemos que es el vengador justiciero, el azote de los malvados, la representación del bien en el mundo civilizado. Sin él y sus más leales esbirros estaríamos perdidos. De hecho, cada mañana, cuando se levanta y se mira en el espejo antes de afeitarse se pregunta cómo ha podido sobrevivir el mundo sin su presencia. Y, lo que es todavía más preocupante, cómo va a solucionar todos los conflictos abiertos que lo sacuden. Cada día que transcurre es un día menos para dejar su impronta y pasar a la historia como el gran líder que es. El tiempo se le echa encima, por eso se ve obligado a actuar con celeridad, saltándose la legislación que le sale al camino, y aunque ello le suponga granjearse todo tipo de críticas y detractores. La incomprensión es un precio pequeño para tan magno objetivo, sobre todo cuando el resultado es tan lucrativo. Trump no es el primero que piensa y actúa así, y por desgracia tampoco será el último. El ser humano es capaz de los actos más altruistas y generosos, pero también de los más mezquinos y ruines.
La patochada del secuestro y traslado de Maduro y su esposa de Venezuela a Nueva York, además de violar un sinfín de leyes nacionales e internacionales, supone la injerencia en un Estado extranjero, y ocasionar la muerte de más de 40 personas parece el capítulo de una serie de acción estadounidense. El diseño e implementación por parte de uno de los cuerpos de élite norteamericanos, la cuestionada Delta Force, ha sido limpio y eficaz. La información obtenida a un alto precio también resultó correcta. Nada que objetar. Muchos nos alegramos de que Venezuela se librara del tiranozuelo Maduro. Pero, la satisfacción ha sido muy breve.
El régimen chavista sigue en pie, ahora firmemente dirigido por Delcy Rodríguez, quien ha jurado pleitesía a Trump, de acuerdo con la práctica colonialista de que lo más importante es garantizar el orden sin importar la ley, la justicia ni la vulneración del espíritu democrático. Trump ya ha comunicado que no va a cambiar el Gobierno y que las petroleras estadounidenses se harán cargo de la explotación del crudo. Está claro que los venezolanos le importan un bledo. Ahora la pregunta es: ¿quién será el siguiente?