La ilusión también se gestiona

Pablo Junceda Moreno
Pablo Junceda Moreno DIRECTOR GENERAL DE SABADELL GALLEGO

OPINIÓN

SERGIO PEREZ | EFE

16 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Una organización que aspira a perdurar en el tiempo con éxito debe conjugar diversos factores que tienen que ver con la toma —en determinados momentos— de decisiones valientes, la eficiencia en la gestión, la apuesta por el talento interno y la creencia de que un negocio que aspira exclusivamente a ganar dinero es, como dijo Henry Ford, «un mal negocio».

Lo que quiero dejar claro es que el éxito no surge por generación espontánea. Lo hace porque detrás de las decisiones están las personas, factor clave de cualquier organización, pues creo que está ampliamente demostrado que nunca funciona bien aquello que se descapitaliza humanamente.

El factor humano es fundamental para que, en paralelo a una gestión eficaz y eficiente, se genere la ilusión suficiente para movilizar a una organización. Aunque ello no deba distraernos de lo que sucede fuera. La economía de España se mantendrá en el primer nivel internacional gracias a la robustez de sus empresas, y Galicia lo tiene todo para seguir ese tren de futuro: paisaje y paisanaje; calidad de vida; industria consolidada y competitiva, turismo de calidad en crecimiento…

Alcanzar los retos del año que acaba de comenzar será posible si somos capaces de acercar aún más la literatura de la política a la realidad de los hechos y del trabajo del día a día. Los números o los presupuestos son meras quimeras si no se llevan a la práctica; y los objetivos se convierten en realidades cuando hacemos gestión. Y si esta gestión es rigurosa y ágil, podremos llegar aún más lejos y más alto.

Me refiero a la gestión que se deriva de la eficiencia, la optimización de recursos que tan bien conocemos las empresas. Una eficiencia que pasa por apostar por la calidad, la innovación y el esfuerzo frente al «buen pasar»; una gestión que no es solo algo propio del mundo empresarial, sino que debe ser marca de calidad también de organizaciones e instituciones, sean estas públicas o privadas.

Alguien dijo que «no todo lo nuevo es innovador»; por eso hay que afinar bien los proyectos y que estos tengan verdadero sentido, cuenten con una financiación suficiente y un liderazgo preparado y capaz; en este último punto es muy importante la formación para generar, retener e impulsar el talento, gracias a la labor de las empresas, la Universidad y los poderes públicos. Que todos ellos faciliten a los emprendedores la puesta en marcha de proyectos, que arriesguen con ellos, que se interrelacionen con otros emprendedores similares para compartir conocimientos e información; y que se sientan apoyados y arropados.

Ningún país, ningún pueblo, ninguna comunidad es capaz de sortear sus problemas sin afrontarlos desde sus propias fortalezas y desde el convencimiento de que la estructura social, económica, cultural, empresarial e institucional que se ha mantenido durante mucho tiempo puede ser perfectamente válida siempre que tengamos claro que habrá que introducir, con decisión y responsabilidad, cambios necesarios. La tecnología es buena y debemos fomentarla. Los cambios son muchas veces no solo convenientes, sino obligados. La forma de ver y vivir las cosas, los modelos de gestión empresarial y social también deben transformarse. Hemos de arropar estos cambios con espíritu constructivo y pensando en un futuro que no tiene por qué ser peor que un pasado o un presente que en muchos aspectos deja mucho que desear.

Y el mejor cambio es seguir pensando que las personas, los valores, las misiones asentadas en la ética, la moral, el respeto y la verdad objetiva siguen siendo las mejores pautas posibles para conducir y conducirse en el mundo de la empresa. Ánimo a todo el que me encuentro al mirar al futuro con la ilusión que nos merecemos, porque Galicia es una gran tierra y los gallegos son capaces de lo mejor, aunque no quiero dejar de recordar el título de estas breves líneas: la ilusión también se gestiona, y el futuro solo lo ganaremos con gestión.

Manos a la obra.