Marca España

José Francisco Sánchez Sánchez
Paco Sánchez EN LA CUERDA FLOJA

OPINIÓN

Europa Press | EUROPAPRESS

31 ene 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Una tarde de hace años, al llegar a Barajas, me encontré con un cartel publicitario que decía: «No bromeamos, somos alemanes». Casi me irritó la audacia del eslogan, pero cumplió su función y me acerqué para ver qué anunciaba. Se trataba de una línea aérea de bajo coste, Air Berlin. Serían alemanes, pero ya no existe. Cerró en el 2017. Poco antes, en el 2015, un piloto de Germanwings, otra aerolínea alemana de bajo coste, había decidido suicidarse estrellando su avión con 150 personas a bordo. Esas cosas arruinan un eslogan insolente que pretendía capitalizar la seriedad y fiabilidad de la marca «Alemania», algo deteriorada ahora.

La Marca España también se ha resentido estos años después de la gestión del covid, el volcán de La Palma, la dana de Valencia o el accidente ferroviario de Adamuz; después de la eterna presencia en los medios internacionales de la corrupción en la cúpula del Gobierno español y del partido gobernante, de la desmejora progresiva de las instituciones, empezando por el Tribunal Constitucional que concedió amparo a los condenados por el mayor escándalo de malversación de fondos públicos destinados a trabajadores: los ERE de Andalucía, y a una amnistía que Europa admitió como un trágala; y de intercambios de votos por dinero en negociaciones oscuras con representantes dudosos, huidos de la justicia y en territorio extranjero, etcétera.

Claro que la Marca España ha sufrido. Buena prueba de ello es la suspensión del contrato de operación y mantenimiento del AVE a La Meca: el contrato ferroviario, dicen, más importante que hayamos firmado nunca y que afecta a tres empresas públicas y, al menos, a diez privadas. Quizá el CIS pregunte algún día sobre estas minucias.