Lluvia

Luis Ferrer i Balsebre
Luis Ferrer i Balsebre EL TONEL DE DIÓGENES

OPINIÓN

Xoán A. Soler

mientras que en el resto del planeta la lluvia es un evento meteorológico, en Galicia es un estado mental y una cultura que, en gran medida, ha forjado los rasgos del carácter gallego.

Los esquimales distinguen diferentes tipos de blanco en el hielo y los gallegos diferentes tipos de lluvia.

Es un mito muy extendido que en Galicia no solo llueve mucho, sino que lo hace con una variedad casi artística. Aunque no hay una cifra oficial cerrada, los filólogos y expertos en cultura gallega han identificado más de cien palabras para referirse a la lluvia, dependiendo de su intensidad, duración o forma.

El orballo es una niebla que juega ser lluvia; la treboada viene escoltada de aparato eléctrico; la saraivada acompañada con cubitos de hielo. La poalla, similar al orballo, es una lluvia menuda que parece que no moja pero que cala; la babuxa es tan fina que parece baba. El froallo, lluvia muy tenue, a menudo acompañada de algo de viento.

También hay bategadas, cegadas, torbos, cebrinas... y así hasta más de cien términos.

En Galicia la lluvia no es un mal tiempo, es simplemente el paisaje en movimiento.

El lenguaje crea la realidad. El lenguaje también crea sentimientos específicos, como la morriña (una melancolía distinta a la depresión), que Rof Carballo relacionaba con la tierra de modo impecable: «A morriña, a saudade, son sentimentos de pobos montañosos (...) de pobos que habitan países verdes e húmidos (...) Estas dúas condicións, país montañoso e presenza da natureza na súa primitiva esencia, semellan indispensables para que xurda a saudade o a morriña (...) En Galicia a terra non é algo que se lle rende culto, senón algo que está identificado con nós ata formar unha unidade que, ó se crebar, doe, tal coma unha especie de morte da alma, en forma de morriña».

El carácter gallego es complejo y a menudo malinterpretado como indecisión; sin embargo, es pura sabiduría y prudencia.

La retranca, el rasgo más distintivo, es un humor inteligente, irónico y algo críptico. El gallego nunca dará una respuesta lineal si puede darte una que te haga pensar.

El «depende», la icónica duda gallega, no es falta de criterio, sino relativismo. En una tierra donde el clima cambia cada diez minutos y la orografía es laberíntica, nada es blanco o negro. El «depende» es la respuesta más honesta ante un mundo incierto.

La lluvia en Galicia es una necesidad adaptativa para una sociedad tradicionalmente agrícola y marinera, donde distinguir si el agua que cae es un orballo (que permite trabajar en el campo) o una bategada (que obliga a refugiarse) es vital.

Habría que promocionar a esta tierra con el eslogan «Galicia: aquí llueve».

¡Y vaya si llueve!