Este domingo se celebran las elecciones autonómicas en Aragón, unos comicios que la demoscopia sitúa en la línea de lo acontecido en las votaciones de Extremadura. Esto quiere decir que el PP ganaría las elecciones con una sustancial ventaja de alrededor de 14 puntos porcentuales sobre el PSOE. Las encuestas le dan a la formación de Feijoo en el entorno de 30 diputados, mientras que sus rivales socialistas rondarían los 17 o 18, es decir, una caída de cinco o seis con respecto a las anteriores elecciones. Mientras, Vox sigue su escalada y podría llegar a los doce diputados.
Estos posibles resultados dibujan un panorama ya conocido. El PP gana, pero no logra la mayoría absoluta y tendrá que pactar con los de Abascal para gobernar en Aragón. Por su parte, el PSOE se hundiría con un resultado menguante que lo deja en una situación tan precaria como le ha sucedido en Extremadura. El varapalo para Pilar Alegría se prevé importante, con lo cual tendremos en el armario un cadáver más que cargar en la mochila de Pedro Sánchez.
Elección a elección, el PSOE se hace más y más pequeño, recogiendo todo lo sembrado por su líder. La situación empieza a ser insostenible para el partido del puño y la rosa, que ya no solo se está jugando un resultado más o menos negativo en unas elecciones autonómicas, sino que claramente está en peligro su futuro para varias legislaturas.
El presidente del Gobierno, con sus políticas de pactos con sus socios Frankenstein, está llevando el desencanto al partido. Al mismo tiempo que se ha formado un núcleo irreductible de fieles cada vez más a la izquierda en sus planteamientos, numerosos militantes y simpatizantes se están alejando de un partido al que ya no reconocen. No aguantan ni la Ley de Amnistía, ni la financiación a la carta para Cataluña, ni el compadreo con Bildu, ni los casos de corrupción, ni, para rematar, el acoso sexual dentro del partido.
Toda esta situación castigaría ahora mismo al PSOE en unas elecciones generales con una pérdida de más de diez diputados, quedándose por debajo de los 110. Y eso gracias a que consigue arañar votos por su izquierda, a costa de otra formación en descomposición como es Sumar. Pero, lo que es peor, está llevando al partido en cada autonomía a cifras que rozan la irrelevancia política.
Este es el escenario actual, que demuestra que toda la estrategia de Sánchez de polarizar y confrontar con Vox no le está llevando a buen término. Por lo que dicen los sondeos, Vox está haciendo daño al PP, pero no tanto como para favorecer de nuevo la creación de una versión Frankenstein 2. Incluso puede darse la circunstancia de que en algunos lugares la formación de Abascal supere a los socialistas, lo cual sería no ya la prueba del algodón de una mala estrategia, sino una humillación en toda regla.
Todo esto se ha ido desarrollando en un contexto de sumisión absoluta al líder Sánchez por parte de toda la militancia socialista. Pero no cabe duda de que las grietas ya se han abierto. Y si se confirman los malos augurios de Aragón este domingo, no descartemos que la situación reviente y haga pedazos a lo que ha sido siempre un gran partido.