La mancha de aceite Epstein

Yashmina Shawki
YASHMINA SHAWKI CUARTO CRECIENTE

OPINIÓN

Donald Trump con Jeffrey Epstein y la modelo Ingrid Seynhaeve, en una imagen de 1997
Donald Trump con Jeffrey Epstein y la modelo Ingrid Seynhaeve, en una imagen de 1997 CONTACTO vía Europa Press | EUROPAPRESS

08 feb 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Me resulta incomprensible la crueldad humana. Desde la simple agresión verbal, pasando por el acoso físico hasta la violencia son comportamientos que me causan perplejidad. Como mujer me desconcierta aún más cómo, durante milenios, las diferentes sociedades han consentido y defendido la subyugación femenina como objeto sexual y como garantía de legitimidad de la progenie. No podemos olvidar que, hasta no hace tanto tiempo en occidente, la mujer estaba sometida desde su nacimiento a los designios familiares para casarse y, una vez dentro del matrimonio, pasaba a depender del carácter y situación de su cónyuge. En países como Arabia Saudí o Irán, la mujer sigue siendo ciudadana de segunda. Esta opresión milenaria a la mujer, su cosificación, perdura hoy en día con la prostitución organizada. El negocio de la explotación sexual y la trata ha demostrado ser más rentable que el narcotráfico y el tráfico de armas, sobre todo, cuando se adereza con poder económico o político.

Personajes execrables como Jeffrey Epstein lo sabían muy bien y lo utilizaron en su propio beneficio. Este tipejo, aparentemente con buenas habilidades financieras, logró tejer una red de contactos al más alto nivel proveyendo favores sexuales a los personajes más relevantes de su momento, presuntamente para obtener información privilegiada, y accesos a núcleos de poder muy restringidos. Pero, Epstein no contó con que sus víctimas reaccionarían y lograrían ponerle contra las cuerdas. Silenciado de manera harto sospechosa en la cárcel, ahora son sus archivos los que están extendiendo las acusaciones, no solo de agresión sexual sino de corrupción, como una gran mancha de aceite. En Gran Bretaña el escándalo está servido. Andrés Mountbatten-Windsor, antes el Príncipe Andrés y, ahora, Lord Mandelson han sido despojados de sus privilegios por las sospechas no sólo de haberse aprovechado de las mujeres que Epstein ponía a su disposición sino, en el caso del segundo, por revelar secretos de Estado.

Hay muchas más personas con poder involucradas, incluyendo a Donald Trump quien, de momento, aunque no ha podido negar su vinculación con Epstein, se está librando de otras acusaciones. Pero, en el electorado norteamericano, debería de asentarse una duda razonable sobre la moralidad de su presidente. Porque el César además de ser honrado, cosa que no es, debe, al menos debería parecerlo, lo que tampoco es el caso.