México en su laberinto
OPINIÓN
La muerte del líder del grupo criminal más poderoso del país a manos del ejército mexicano, en una operación que pretendía su captura, provocó que sus lugartenientes ordenaran acciones de violencia extrema en forma de bloqueos de carreteras, incendios y asesinatos de militares en veinte de los 32 Estados mexicanos. Se han contabilizado 74 fallecidos en todo el país, frente a 11 criminales muertos y un militar herido, como resultado de la operación. El ejército mexicano contó con información de la inteligencia norteamericana. Días después, desactivado el código rojo de alerta máxima en el Estado de Jalisco, la cautelosa vuelta a la normalidad de la población no esconde el fundado temor a nuevos episodios de violencia entre los integrantes del cartel por ocupar el vacío de poder, que afectarán a la vida ciudadana.
Desgraciadamente, hay situaciones peores. Desde hace un año y medio, los habitantes del Estado de Sinaloa soportan estoicamente la guerra sin cuartel entre dos carteles por hacerse con el control del territorio y el lucrativo negocio del tráfico ilícito de cocaína, metanfetamina y fentanilo. En este caso, uno de los capos secuestró al otro y lo entregó en el aeropuerto de El Paso (Texas) a Estados Unidos. Se contabilizan más de dos mil muertos y otros tantos desaparecidos, sin que el Gobierno mexicano pueda restablecer el orden. Tal vez la diferencia esté en que la tierra culichi no sea destino masivo de vacaciones, como sí lo es la hermosa Guadalajara. Podría pensarse que se trata de un asunto interno de México, pero no es así. Los gobiernos mexicanos son responsables de no ofrecer a la mayoría de su población condiciones de vida dignas que alejen a una parte de su juventud de la tentación de unirse a grupos criminales para eludir un futuro de trabajo mísero y bajos salarios. Prefieren vivir y morir rápido al son de una música que enaltece la violencia narco.
México es un país-continente bendecido por recursos naturales y con una población acogedora, ingeniosa y culta (mis estudiantes mexicanos leen mucho más que mis compatriotas). Pero los carteles funcionan como redes transnacionales del crimen organizado que conectan varios países y que diversifican los negocios ilícitos más allá de las sustancias psicotrópicas, acumulando ingentes cantidades de dinero que les permiten comprar voluntades. Por lo tanto, es imprescindible una cooperación internacional para combatirlos de manera eficaz. Esta no debe ofrecerse al servicio del ego de dirigentes que amenacen a su vecino con medidas contrarias al derecho internacional. En este punto, el vecino del Norte juega un papel clave. Sin la oferta rígida que generan los millones de consumidores norteamericanos y ejerciendo un control serio de las armas que cruzan impunemente la frontera marcada por el Río Bravo, la amenaza de los grupos criminales organizados se reduciría drásticamente. Aun con todo, restaría lo más difícil, digno de Hércules: desentrañar los poderes públicos de México para cortar las cabezas de una narco Hidra que lo corroe por dentro.