Hablemos de Oriente Medio

Zita Hobbi ACTIVISTA IRANÍ PRO DERECHOS HUMANOS RESIDENTE EN ESPAÑA

OPINIÓN

Un hombre recarga su motocicleta en Pakistán con combustible comprado a Irán
Un hombre recarga su motocicleta en Pakistán con combustible comprado a Irán Naseer Ahmed | REUTERS

05 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

En estos días en que Oriente Medio vuelve a arder —un fuego que en realidad nunca se apagó—, el humo ahora irrita los ojos del mundo y, especialmente, de los dirigentes europeos.

El precio del combustible ha experimentado un fuerte aumento y el descontento social ha hecho que muchos reaccionen, busquen soluciones.

Hace cuarenta y siete años, cuando una de las piezas consideradas como factor de estabilidad en Oriente Medio, el sha de Irán, fue retirada del tablero geopolítico y en su lugar llegaron los ayatolás al poder, quizá nadie imaginaba el escenario actual. Los ayatolás, con su ideología radical, alimentaron conflictos y rivalidades en nombre del «bien y el mal» y contribuyeron a la expansión del islamismo extremista. En la región buscaron aliados y promovieron la creación de fuerzas radicales chiíes. Para alcanzar sus objetivos tomaron como rehén a la nación iraní ,un pueblo civilizado y amante de la paz. Con los abundantes ingresos del petróleo pagaron apoyos que iban desde periodistas hasta políticos de distintos niveles en todo el mundo, quienes les ayudaron a maquillar su imagen. El pueblo iraní lleva muchos años enfrentándose a un sistema que gobierna con mano de hierro. En repetidas ocasiones, mediante manifestaciones multitudinarias, ha hecho oír su voz ante el mundo, y cada vez ha sido reprimido con mayor dureza y violencia.

Mientras tanto, muchos gobiernos han continuado sus relaciones comerciales y políticas con las autoridades iraníes. Hoy, los clérigos, como han proclamado durante estas cuatro décadas en sermones y discursos oficiales, declaran su hostilidad hacia Estados Unidos e Israel y afirman estar dispuestos a enfrentarse a cualquiera que se interponga en su camino.

Desde el inicio de su llegada al poder empezaron a construir infraestructuras militares y desarrollaron capacidades armamentísticas. Diversos países contribuyeron a su acceso a tecnología de misiles y al enriquecimiento de uranio, y ahora algunos de ellos se sienten amenazados por esas mismas capacidades. Si los países democráticos priorizan sus intereses ideológicos o partidistas por encima de la paz mundial, los derechos humanos reales y del bienestar de sus ciudadanos, puede que pronto quede poco por salvar o por perder. Para afrontar esta situación se necesita algo más que comunicados y gestos diplomáticos. La comunidad internacional debe actuar con unidad y coherencia. Con la esperanza de que la luz prevalezca sobre la oscuridad.