Cada apnea cuenta para su visión

Francisco Gómez-Ulla de Irazazábal MIRANZA INSTITUTO GÓMEZ-ULLA. CATEDRÁTICO DE OFTALMOLOGÍA Y ACADÉMICO NUMERARIO DE LA REAL ACADEMIA DE MEDICINA DE GALICIA

OPINIÓN

MABEL R. G.

21 mar 2026 . Actualizado a las 05:00 h.

Millones de personas sufren cada noche breves interrupciones en su respiración, muchas sin siquiera notarlo. Lo que desconocen es que estos episodios pueden estar robándoles algo más que horas de sueño. Pueden estar poniendo en riesgo su visión.

El motivo es la hipoxia intermitente que estos microdespertares nocturnos generan, favoreciendo un entorno desfavorable para los tejidos oculares, cuya oxigenación depende de un óptimo equilibrio vascular.

Muchos de estos pacientes presentan el síndrome de párpado flácido (floppy eyelid sindrome), caracterizado por una marcada laxitud de los párpados que puede llevar a que se den la vuelta con facilidad, especialmente por la noche, en contacto con la almohada, y no proporcionen la protección eficaz que los ojos necesitan durante el sueño, pudiendo causar sequedad, enfermedad ocular superficial severa y abrasiones en la córnea. 

Esto hace que el ojo seco sea una de las patologías oculares más habituales y así lo observamos con gran frecuencia en consulta. Los pacientes suelen acudir por síntomas como escozor, enrojecimiento o visión fluctuante, sin ser conscientes de que la causa principal de su malestar podría estar relacionada con un trastorno respiratorio del sueño. En estos casos, el tratamiento tiene que priorizar la protección de la superficie ocular, y el modo más eficiente de hacerlo es aplicando lágrimas artificiales antes de acostarse. En casos avanzados, incluso pueden necesitar de una cirugía palpebral correctora, que no solo busca un fin estético sino de acortamiento palpebral, para mejorar el problema.

Pero, además de afectar a la superficie ocular, la apnea del sueño también se relaciona con otras patologías de mayor gravedad como la neuropatía óptica isquémica anterior no arterítica, una causa potencialmente devastadora de pérdida de visión súbita.

En estos pacientes se ha observado también una mayor prevalencia de glaucoma, especialmente el de tensión normal o de presión ocular baja, así como un mayor riesgo de experimentar un empeoramiento de la enfermedad en comparación con aquellos que no presentan trastornos respiratorios durante el sueño. En estos casos, la detección precoz resulta esencial, dado que el daño glaucomatoso es irreversible si no se trata a tiempo.

La retinopatía y las alteraciones vasculares retinianas también forman parte del cuadro clínico ocular asociado y favorecido por la apnea del sueño, especialmente en pacientes con factores de riesgo como la diabetes o la hipertensión. Esto se debe a que la retina, altamente dependiente del aporte constante de oxígeno, sufre de forma directa las consecuencias de la hipoxia nocturna repetida.

De ahí que se incida tanto en la importancia de una atención multidisciplinar que integre la evaluación oftalmológica en los protocolos de seguimiento de pacientes con apnea, ya que no se trata solo de controlar el sueño, sino también de proteger la visión.

Oftalmólogos, médicos de atención primaria, neumólogos y especialistas en sueño debemos trabajar de forma coordinada. Al fin y al cabo, en muchos casos el oftalmólogo puede ser el primer profesional en sospechar de una apnea del sueño ante determinados signos oculares; del mismo modo que el diagnóstico de apnea debería motivar una evaluación oftalmológica periódica, especialmente en casos de pacientes con antecedentes familiares de glaucoma o hipertensión ocular.

La apnea del sueño no solo compromete la calidad de vida y la salud cardiovascular, también puede poner en riesgo la visión. Incrementar la concienciación, tanto entre profesionales sanitarios como entre pacientes, es un paso imprescindible para avanzar hacia una medicina más preventiva, integral y eficaz. Porque dormir mal no solo cansa. A veces, también roba visión.