La «fachavalada» de Vox

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

Un ninot de Santiago Abascal en las tradicionales fallas de Valencia.
Un ninot de Santiago Abascal en las tradicionales fallas de Valencia. Eva Manez | REUTERS

24 mar 2026 . Actualizado a las 14:27 h.

Lo de la «fachavalada» de Vox es muy fuerte. Cada vez son más. No atienden a razones. Solo ven vídeos en bucle, de esos que les reafirman en su verdad única. España está por los suelos. Abascal es el héroe, el Cid, el único que puede recoger la bandera del suelo e izarla alta. La leyenda cuenta que Santi Abascal se presentó en el mitin de Valladolid y, ante tantos muchachos en flor, soltó lo de la «fachavalada» de Vox, como un piropo. Un guionista le escribió la palabra, que hará fortuna. Da igual lo que significa el fascismo, de dónde vienen los fachas. Lo importante es echar al invasor. El invasor es Pedro Sánchez. «Ganó la presidencia con una mayoría democrática de diputados en el Congreso», les dices. No te escuchan. Ellos a lo suyo. No se informan. Se deforman con las mentiras de TikTok. Un ejército de mentiras. La tierra es plana. La pandemia no existió. Hay un estudio que dice que los que solo se enteran de la presunta realidad por las tramas inventadas de muchos influencers, de demasiados tiktokers, se tragan con gusto el anzuelo de la mentira más gigantesca. Los que leen en los medios que deben responder a lo que publican, los que saben buscar vídeos de todas las tendencias, esos se dan cuenta enseguida de las motos que derechas e izquierdas les venden en el mercado fácil y abrumador de los reels. Nada se puede resumir en unos segundos. Pero el algoritmo engancha. El algoritmo tiene ritmo.

El algoritmo, según los expertos, está copiado de los registros para atraer de las máquinas tragaperras. De los cofres del tesoro que necesitas para avanzar en tu videojuego preferido. La política como un videojuego, les avisas a los chavales para que se den cuenta de que la democracia no se puede resolver como un videojuego. No te hacen caso. Siguen a lo suyo coreando en Valladolid: «Abascal, presidente». Después vino el palo. No llegaron al 20 % en Castilla y León. «Castilla La Vieja», le llamaba Abascal en su gira de campaña. Las giras de Vox saben a munición verbal. Tienen un toque marcial. Son bélicas con el adversario. Necesitan el odio. No construyen, destruyen. Con la izquierda extrema, que ahora Sánchez abraza más que nunca, pasa lo mismo. Los otros son los malos. Es el lenguaje de párvulos que usó para la guerra uno de los hombres de Trump para pedir más dinero al Congreso: «Necesitamos doscientos mil millones más de dólares para acabar con los malos. Hace falta dinero para matar a los malos», resumió el halcón. España llega a la primavera a palos. A ciegas. Con miles de jóvenes que quieren salvar a la patria. Unos y otros, odiadores y odiados, cambiarán el domingo la hora. Será la misma hora, pero para ellos será distinta y distante. Los vídeos de su móvil les dicen que «siembra odio y recogerás tempestades». Tempestades es lo que quieren en su juego político desde la víscera. Les comentas que Vox tiene que explicar sus líos internos y ellos te contestan con el estribillo que ya les han repetido en el móvil, su tercera mano, con las palabras de Abascal, su profeta: «No son líos internos, son líos externos. Inventos para hacernos daño». Pinta fatal esta España en la que vale todo, abducidos por los segundos eternos de las pantallas.