El tomate es una hortaliza a la que se atribuyen propiedades saludables si se integra en un menú equilibrado. Contiene elevadas cantidades de ácido glutámico (sobre todo en las semillas) que lo convierten, junto con el champiñón, las espinacas o el queso, en uno de los exponentes del sabor umami, denominado el quinto sabor, porque algunos expertos señalan que sirve de puente entre otros sabores y sensibiliza el paladar, haciéndolo más receptivo.
Para poder cocinar el tomate y disfrutar de todas sus propiedades organolépticas y nutricionales, el primer paso es realizar una compra y conservación adecuadas. Se recomienda elegir variedades locales, de piel tersa y sin golpes. Se deben descartar los que presentan partes verdosas o amarillentas cerca del tallo, pues son indicativas de que se han almacenado en malas condiciones.
Los tomates pierden su aroma rápidamente cuando se meten en la nevera, por lo que es recomendable almacenarlos a temperatura ambiente y protegidos de la luz. Si se han comprado o recogido verdes y se quiere acelerar su maduración, se pueden introducir en una bolsa de papel junto con una manzana madura o un plátano.
Si quiere cocinar con tomate, los especialistas indican que la mejor fuente de licopeno son los platos en los que se emplea tomate cocinado, porque el licopeno se absorbe con mayor eficacia cuando el calor rompe las membranas celulares y permite su salida. Así, los purés, las salsas o los concentrados, especialmente los elaborados en casa con tomates maduros de temporada y aceite de oliva que favorece su absorción, son una buena opción.
Combina bien con berenjena, ajo, cebolla, aceitunas o apio, por ejemplo. La caponata (un guiso siciliano que puede tomarse frío o templado), el salmorejo y el gazpacho en frío son tres recetas en las que el tomate se convierte en protagonista.
Puede preparar ensaladas condimentadas con aceite de oliva virgen combinando el tomate con patata, pepino, pimiento, rábano o aguacate, por ejemplo. Otras opciones serían untarlo en una rebanada de pan o hacer un zumo.
Si decide cocinarlo, las opciones son variadas: frito, al vapor, guisado o asado al horno (especialmente adecuado porque concentra mejor su sabor). Admite una amplia variedad de condimentos: orégano, tomillo, albahaca, cilantro fresco, pimienta, pimentón, jengibre y clavo de olor aportan un toque especial al tomate. La piel puede añadir un ligero sabor amargo, por lo que es conveniente pelarlo antes de cocinarlo.