Mucho más que unas autonómicas

Nieves Lagares
Nieves Lagares EQUIPO DE INVESTIGACIONES POLÍTICAS DE LA UNIVERSIDAD DE SANTIAGO

OPINIÓN

Alberto Núñez Feijoo y Juanma Moreno, durante un mitin para las elecciones andaluzas.
Alberto Núñez Feijoo y Juanma Moreno, durante un mitin para las elecciones andaluzas. Álex Zea | EUROPAPRESS

Juanma Moreno ha cerrado la campaña electoral sin Feijoo, yo a Málaga, tú a Almería. María Jesús Montero le ha dejado el cierre a Sánchez, y se ha pasado los últimos días dirigiéndose a los votantes del PSOE en generales, ese medio millón de votos que le faltan a los socialistas andaluces. Moreno sabe que las elecciones se juegan dentro del marco institucional autonómico, desde la identidad andaluza, desde la tensión Andalucía frente a Madrid. A Ferraz le cuesta entender el hecho diferencial autonómico. No se dan cuenta de que, más allá del nacionalismo, la propia evolución autonómica ha construido un marco de competición diferenciada donde la lógica centralista de Madrid resulta ajena.

Después de las decepciones de los últimos procesos electorales autonómicos, Moreno quiere marcar la diferencia, mostrar que hay un camino diferente a la competición con Vox que arrimarse a él. Pero dentro del PP hay muchos que no confían en esa estrategia, están convencidos que la única forma de luchar con Vox es ocupar su espacio político, porque es lo que funciona en Madrid.

Moreno se la juega. La mayoría absoluta lo convertiría en la alternativa virtual a Feijoo, pero sobre todo le indicaría al PP el camino y marcaría los límites de Vox. Son demasiadas cosas en un solo resultado, pero todas ellas están en el análisis de Génova, aunque Feijoo ya no esté a tiempo de cambiar sus objetivos. Moreno aspira a gobernar sin Vox; Feijoo sabe que no tiene esa opción, pero puede entender que incluso en Andalucía, donde Vox comenzó su ascenso, la extrema derecha tiene límites si no se la alimenta.

El problema del PSOE es mayor: otro desastre de una ministra de Sánchez ya no es soportable, pero si además se produce en Andalucía, zona cero de la disidencia orgánica socialista, huele a tormenta perfecta. Sánchez no puede ser el candidato en todas las elecciones, porque los ciudadanos de cada autonomía aspiran a tener sus propios líderes, no un miniyo de Pedro Sánchez, y parece imposible que esto, tan fácil de entender para cualquier aprendiz de primero de liderazgo político, no entre en las cabezas de Ferraz, a no ser que el control de los espacios orgánicos sea más importante que los procesos electorales.

No niego que Sánchez sea aún buen líder: polémico, polarizado pero potente; su plante a Trump, su gestión de las crisis, incluida la del hantavirus, muestran que tiene siempre posiciones claras, sabe lo que quiere y lo que no quiere. No le importa estar solo si cree en lo que defiende, y eso le ha valido un crédito internacional que sus adversarios no quieren reconocer. No sé qué habría hecho Feijoo cuando Ayuso dijo que no fueran a Madrid los 14 españoles del crucero, patriotismo cañí. Lo que sé es que esas decisiones de Sánchez a mí me hacen sentir orgullo de país. Quiero esa España que dice sí, pero eso no convierte el liderazgo de Sánchez en uno y trino.