Un campo magnético es una zona del espacio en la que se ejercen fuerzas sobre imanes y sobre cargas eléctricas en movimiento. Los campos magnéticos los crean los imanes y también las corrientes eléctricas, como se comprueba en la experiencia de Oersted. El campo magnético terrestre se genera en las profundidades de la Tierra, en una zona conocida como núcleo externo, que está formada principalmente por hierro y níquel, cargados eléctricamente, en estado líquido y en movimiento, lo que origina el campo magnético terrestre.
El primer efecto que se percibe, derivado del campo magnético terrestre, es la desviación de la aguja magnética de las brújulas, que señala siempre hacia el norte geográfico.
Pero el efecto más importante de la existencia del campo magnético terrestre es la protección de la Tierra del llamado viento solar, formado por partículas energéticas cargadas que se originan en la capa más externa y caliente del Sol. Pues bien, la misión Esmile, impulsada por la Agencia Espacial Europea y por la Academia China de Ciencias (La Voz, 15-5-2026), lanza un cohete Vega C que transporta el material científico adecuado para observar cómo interactúan las partículas procedentes del Sol con el campo magnético terrestre, que actúa como un escudo protector frente al viento solar, que puede afectar el funcionamiento de satélites, sistemas de navegación, redes eléctricas y comunicaciones en la Tierra.