Ábalos está en la cárcel

César Casal González
César Casal CORAZONADAS

OPINIÓN

José Luis Ábalos y Pedro Sánchez
José Luis Ábalos y Pedro Sánchez

El 31 de mayo del 2008 era jueves. También en el Congreso, durante la moción de censura que hizo caer a Mariano Rajoy y presidente a Pedro Sánchez. José Luis Ábalos fue elegido para explicarla. La realidad supera a la ficción. Ábalos, el mismo que lleva 186 días en prisión, desde el 27 de noviembre del 2025, fecha en la que ingresó en Estremera. Escuchen lo que dijo Ábalos hace ocho años, para el que la Fiscalía Anticorrupción solicitó 24 años en la cárcel por presuntos delitos de organización criminal, cohecho, tráficos de influencias y malversación de caudales públicos, justo lo que llevó al PSOE a salvar España de la condena al PP. Ábalos, lleno de dignidad, subió a la tribuna y sentenció a Rajoy: «El PP es un eficaz sistema de corrupción institucional». Y siguió ejerciendo de Don Limpio: «Los españoles no podemos tolerar la corrupción ni la indecencia. La decencia debe ser algo esencial, no accesorio en la política. La moción de censura era el instrumento constitucional adecuado para responder a la grave crisis institucional y regenerar la confianza de la ciudadanía en sus gobernantes». No es un chiste fácil: Ábalos pidiendo regenerar la confianza de la ciudadanía en sus gobernantes. Así llegó Sánchez a la Moncloa. Luego ganó dos elecciones. Y perdió las últimas. Aunque logró una mayoría de investidura por la que sobrevive al frente del país. Ábalos fue el escudero de la moral de Sánchez en el golpe de gracia al PP, que salió adelante por los votos de un PNV que abandonó a Rajoy, a pesar de acabar de aprobar unos presupuestos junto a él.

Aquella censura tuvo su fase de ilusión. Se nombró el denominado gobierno bonito, que tenía hasta un astronauta. Han pasado ocho años y hay que frotarse los ojos al leer las palabras del hombre fuerte de Sánchez. Da igual cuántas causas tenga abiertas. Ahora solo hay tres salidas a la situación de bloqueo que vivimos. Una es la moción de censura, otra la cuestión de confianza y otra es un arrebato de pudor de Sánchez para firmar el decreto de elecciones anticipadas. La Voz de Galicia, en un editorial, dejó claro que el único camino sensato, el del bien común, es la cuestión de confianza. En esta llega con una mayoría simple para visualizar si Sánchez sigue teniendo apoyos para llegar al 2027 y «más allá», como se atrevió a decir el domingo. Adolfo Suárez superó una cuestión de confianza, y Felipe González, otra. Aunque el camino es precisamente cuestión de confianza, no creo que Sánchez tome la decisión de dar ese paso que aportaría algo de estabilidad al país. La explicación es sencilla. Perdió las últimas elecciones y tiene unos números imposibles en el contexto actual para sacar una moción que solo necesita mayoría simple: más síes que noes. Solo el PP y Vox suman hoy 170 escaños. Si le sumamos a UPN y, probablemente, a Coalición Canaria, serían 172 noes, una barbaridad que solo podría superar volviendo a pegar a la mayoría de investidura, esa con la que ya no gobierna. Si pierde la confianza, tendría que dimitir. Sánchez no picará. Como tampoco adelantará las elecciones. Sabe que las perdería. La moción de censura instrumental que propuso ayer Feijoo es, de momento, otro conjunto vacío. Junts y PNV se escudarán en lo de siempre: no votan con Vox.