Tintín, Infantino y el eclipse

Eduardo Riestra
Eduardo Riestra TIERRA DE NADIE

OPINIÓN

Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante el Mundial celebrado en Norteamérica.
Gianni Infantino, presidente de la FIFA, durante el Mundial celebrado en Norteamérica.

La primera vez que yo vi un eclipse de sol, se produjo en la página 59 del álbum de Tintín El templo del Sol, publicado en España en 1961. A aquellos de ustedes que no lo hayan leído, aunque no tengan perdón, les diré que se desarrolla cuando el capitán Haddock, el profesor Tornasol, Tintín y su perro Milú, que han sido condenados a muerte por los indios peruanos de las montañas de los Andes, van a ser quemados en una pira que deberá encender, a través de una inmensa lupa, el propio dios sol, Pachacamac, al que los reos han ofendido gravemente. Pero Tintín tiene noticia, por un viejo recorte de periódico, de que se va a producir un eclipse de Sol, y elige ese día y esa hora para ser incinerado. Y es entonces cuando el Sol se oculta, negándose a llevar a cabo la ejecución y perdonando a nuestros héroes.

 Por eso, si yo fuera Infantino, el truhán universal, pediría ser incinerado mañana en algún lugar de la faja del eclipse total, que bajará del polo norte por el Atlántico y, tras tapar una parte de Galicia, acabará perdiéndose en Cabo Verde, la tierra de Vozinha. Así, podrá decir que el dios sol lo ha perdonado, y celebrar con sus amigos Donald Trump y Mohamed VI que la estrella de la vida ­está de su parte y desea que se mantenga en el cargo para siempre ­ —o hasta el próximo eclipse del año 2053—. Y que la final del próximo mundial se celebre en Marruecos.